El universo de las redes sociales necesita con urgencia revisar el arte del "no hacer" (lean a Pema Chödrön). Antes de escribir insultos (incluso en contra de figuras públicas) detenerse. Respirar. Pensar si aquello que van escribir hace algún bien. Si no, no hacerlo.
Qué pedo con Tuiter hoy; un video de un oso llevándose a un cabron para comérselo, unos sicarios degollando a otro wey, una vieja perreandole a un pato, un drogadicto con el craneo expuesto, verga ya basta…
¿Por qué algunas marcas creen que es beneficioso obligar al influencer a crear contenido cero orgánico, mencionando la marca un millón de veces como si no fuera obvio, y hasta diciéndoles qué escribir y decir?