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«⠀No vengas detrás de mí cuando te despiertes. Volveré pronto.⠀»⠀ Era lo que ponía en la nota que dejó sobre la almohada.
A un lado, un clavel rosa.
Amor eterno.
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los yenes que traje. ──Porque la que administraba el dinero —el de las dos— era ella, claro.
Por cierto. Las patatas del suelo no se las va a comer si no se las da Heart.
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────Usé todo lo que encontré en el rellano de las escaleras.
Es decir, que se había quedado pelada en cuánto a dinero robado. Prefería la palabra /descubierto/. Si estaba allí tirado debía ser cosa del destino, que le decía que comiese algo.
────Aún no cambié ›
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lugar! ────¿No estáis de los primeros en el ranking? Más que humildad yo diría que es pasarse de amarrados.
Asintió a Spear, dándole aprobación y permiso para mangonear a ese cavalieriano.
────Lo has manchado tú. ──Dos contra uno. Tenían ventaja.
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────¡Ah, venga! ──Enterró las manos en los bolsillos traseros de la falda..., negra, como las botas y la camiseta y el maquillaje, y ojeó la estancia muy por encima. ¡Hasta el almacén que usaban como punto de encuentro tenía mejor aspecto que ese ›
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────Dinero me lo debéis vosotros. ──Como si Yukine tuviese la culpa de que la máquina expendedora le hubiese robado las monedas. ────Me he quedado pelada y aún por encima no voy a comer las pelotas de queso.
Se enderezó de golpe y de milagro no le resbalaron ›
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Y va y le atina una gota en la pestaña cuando el pescado empanado vuelve al suelo.
Lo que le toca aguantar.
────Esto apesta. ──Tendrá que probar cosas locales, aunque los europeos tienen fama de comer fatal.
El ‘ahhh’ no lo dice, pero abre la boca ›
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