Ayer inauguramos la granja del Averno y de madrugada dimos el palo de nuestra vida... Hoy vamos con todo!! Esta tarde nos vemos en el stream mi gente!!!
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Mi padre, fan de Bruce Lee y películas de artes marciales pasándose @SifuGame. Al mando le quedan tres runs más para tirarlo a la basura! Que gozada es disfrutar de los videojuegos con tu padre! 💚🎮
Mi abuelo murió en Madrid, pero la habría gustado morir en su pueblo.
El pueblo de mi abuelo es un lugar muy pequeño en la provincia de Cáceres. Apenas 300 o 400 habitantes censados que, en verano, se transforman en tres mil o cuatro mil. Son los hijos y los nietos de quienes emigraron en los 60 al sur de Madrid o al norte de Barcelona o incluso a Francia o Suiza.
En el pueblo, la gente habla con acento extremeño y algunas variedades dialectales curiosas; pierden la "s" al final de las palabras y, por ejemplo, el sufijo diminutivo masculino no es ni –ito ni –ino, sino –ine. Los cerdos pequeños son guarrines y si son muy pequeños son guarrines chiquinines. También sueltan más de un vulgarismo, a veces con raíz clásica. Cuando estás a punto de terminar algo, lo tienes quasi terminado; el agua más fresca corre en el maniantal y, de vez en cuando, hay que ir a comprar material al polígano industrial.
Mi abuelo Lucio era casi –o quasi- un tópico literario: era un hombre sabio aunque nunca tuvo estudios. Sabía leer y escribir y hacer cuentas entre complejas y rudimentarias. También sabía, con precisión meridiana, cómo y dónde golpear a la rama de olivo para que cayese el mayor número de aceitunas de un solo vareo. Y si le preguntabas, te enseñaba a hacerlo, aunque luego se reía de ti cuando le arreabas tres zurriagazos al pobre árbol y apenas caían diez o doce olivas.
Mi abuelo Lucio había emigrado en el 62 a Madrid. Al sur de Madrid. A Villaverde. A encontrar una vida mejor. Trabajó durante 25 años en Agromán; a veces como peón, a veces como oficial de mantenimiento, casi siempre como hombre para todo. A mi abuelo Lucio se le daba bien resolver problemas.
En el 90, mi abuelo Lucio se jubiló y volvió al pueblo junto a mi abuela Argimira. Reformaron un poco la vieja casa que ellos mismos habían construido y se dispusieron a vivir la vida mejor que se habían traído de Madrid.
Mi abuelo Lucio echaba la partida casi todas las tardes. En invierno y en verano. A veces jugaban al tute, pero normalmente jugaban a la brisca. Cuando yo pasaba el larguísimo agosto en el pueblo, me gustaba acercarme a ver cómo mi abuelo echaba la partida. Sobre todo me gustaba escucharles. Las veinte en oros. Las cuarenta. Arrastro. Para un niño, la partida era un lenguaje en clave, un código ignoto, una liturgia fascinante e incomprensible.
A medida que fui creciendo, fui perdiendo el interés por escuchar a mi abuelo Lucio echando la partida. Por un lado, yo ya había aprendido a jugar a las cartas y, por el otro, me creía más listo y más urbano y más cosmopolita que aquellos hombres del pueblo, aquellos paletos del pueblo. Tenía 16 años y era un auténtico imbécil.
Una tarde plana y larga de septiembre, me encontré otra vez escuchando a mi abuelo Lucio jugando a la brisca. No recuerdo exactamente por qué estaba allí. Quizá me creía ya un usuario legítimo de los bares; a lo mejor me lo pidió mi abuela. Entre arrastros y cuarentas, los hombres charlaban de la vida y de todo lo demás, claro. Mi abuelo, que llevaba ya veinte años viviendo en Madrid, no escatimaba en maniantales, políganos ni quasis. Yo sonreía con superioridad.
Al terminar la partida, mientras subíamos juntos a la vieja casa que había construido y había reformado, le dije:
—Joder, abuelo, llevas ya veinte años viviendo en Madrid y todavía hablas con “políganos” y “maniantales”.
Mi abuelo me miró entornando los ojos como los entorna un halcón y sonrió como sonríe un halcón:
—¿Tú te crees que yo no sé que se dice “polígono” y “manantial”? ¿Crees que no sé que se dice “casi”? Pues claro que lo sé. Pero también sé que aquí siempre se ha dicho “polígano” y “maniantal” y “quasi”. Y que al final significan lo mismo y así es como he hablado siempre. Además, si les hablo como hablo en Madrid me tomarían por un señorito. Y yo no soy un señorito.
Yo tenía dieciséis años y me di cuenta de que era un auténtico imbécil. También me di cuenta de que a mi abuelo Lucio se le daba bien resolver problemas.
Con mis compañeros de piso. Éramos 3 pero disfrutábamos jugando DM como locos. Ahora llega CS2 y espero que me traiga las mismas alegrías y tristezas que me ha dado durante toda la vida. Gracias por todo CSGO❤️. Bienvenido CS2 ❤️.
Hace unos 20 años comencé a jugar a CS1.6 en un ciber con colegas, deseaba que llegará el viernes para meter 5€ al bono y quemar la tarde jugando. 10 años después regrese al CSGO jugando con un portátil sobre las piernas en un sofá, horas y horas en pool day....⬇️
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El primer Death Stranding fue para mí una sorpresa, con expectativas bajas lo jugué y fue de esos juegos que te dejan huella, ahora se viene Death Stranding 2... Lets gooo!
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Noticia de hace un año aprox. Creo que hay unos responsables claros de lo que está pasando. @iberdrola y todos esos políticos vividores de lo público algún día pagareis con creces lo que estáis haciendo.
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Viendo esto se me quitan las ganas de volver a jugar a Valorant... Como espectador es precioso, como jugador me quedo con mi molo para parar un Rush, contra flash y mi humito por si cuela el ninja defuse. Grande SirMaza llevándose a uno después de toda esa mierda!