EL ATAQUE
Ayer salí a cenar con mi mujer y mis hijas.
Nos sentamos en la terraza de un bar, pedimos la comida y para amenizar la espera, jugamos con ellas a un juego que inventamos hace mucho tiempo. (...)
Llegó el verano. Los graciosos cachorrillos de Navidad empiezan a ser molestos. Los dueños miserables ya piensan cómo librarse de ellos para irse de vacaciones. Centenares de vidas leales y felices están a punto de ser destrozadas. Hijos de la grandísima puta.