1/10 Unos cuantos turra-tuits para insistir en que, votéis lo votéis, no es justo, realista ni lógico acabar el curso con sensación derrota. De hecho, debería ser al contrario. Porque esta huelga ya ha conseguido, al menos tres victorias. Me explico.
#VagaEducació#Huelga
Lo dice hasta Goldman Sachs: “La economía española crece tres veces más que la zona euro.” “Y una razón clave para ello es la decisión del Gobierno de no priorizar el aumento del gasto en defensa. Esta política ha preservado la credibilidad del país en los mercados financieros, siendo España el único de los cuatro grandes de la UE que reducirá la deuda sobre PIB en los próximos tres años.”
Más crecimiento, más estabilidad fiscal y más Estado del bienestar. Nuestro modelo funciona.
Ahora que vengan las derechas a hablarnos de las virtudes del 5%.
https://t.co/DhOHmT1OqZ
Si Pérez Llorca y el PPCV dicen no al nuevo modelo de financiación es porque se lo ha ordenado Feijóo.
Por puro partidismo rechazan 3.669 millones de euros más al año para la Comunitat Valenciana.
📻@DianaMorantR en @radioalicante
PSOE just 1.5% below PP, closer than in the last election
The right is at just 15 seats from losing their majority
No fucking way
The madman is gonna do it again
Si estuviera gobernando en España el PP y VOX, ahora mismo estaríamos mandando tropas a Irán y las bases americanas que tenemos ya habrían sido bombardeadas.
Estaríamos en guerra.
Tenlo en cuenta a la hora de votar.
🔴Rufián, al PP: "Abascal ha dicho que nos metemos con Mazón porque llegó tarde. El 90% de la gente murió porque sí, Mazón llegó tarde. Por favor, cállense porque la historia les va a pasar por encima con esto" https://t.co/jZA0zC47Cx
Estamos dejando morir la sanidad pública.
La estamos dejando morir despacio,
sin ruido de sirenas,
sin titulares que duelan lo suficiente.
La dejamos morir en listas de espera eternas,
en consultas de cinco minutos,
en profesionales exhaustos que ya no pueden más
aunque quieran darlo todo.
La sanidad pública no cayó del cielo.
No fue un regalo.
Fue una conquista.
Costó décadas de lucha, de acuerdos, de impuestos compartidos,
de la idea radical de que la salud no es un lujo,
sino un derecho.
Que enfermar no debería significar arruinarse.
Que nacer pobre no debería condenarte a morir antes.
Y sin embargo hoy la tratamos como algo prescindible.
Como si fuera un gasto molesto
y no una inversión en dignidad.
Yo llevo más de media vida enferma.
He visto la sanidad desde dentro,
desde la camilla, desde la bata abierta por detrás,
desde el miedo antes de una prueba,
desde el alivio cuando alguien te mira a los ojos
y te cree.
Y lo digo claro: así como está ahora, es deplorable.
No por su gente. (Hay de todo, cómo en todos lados)
Nunca por su gente.
Porque hay médicas, enfermeros, auxiliares, celadores, técnicos
que siguen tirando del carro con el cuerpo roto.
Que se saltan descansos.
Que cargan con más pacientes de los que pueden atender dignamente.
Que se van a casa con culpa por no haber llegado a todo.
Gente competente, vocacional, humana…
a la que el sistema está asfixiando.
No es que no quieran.
Es que no les dejan.
Un sistema diseñado para aguantar lo justo,
para parchear en lugar de cuidar,
para empujar a quien puede a la privada
y abandonar a quien no.
Un sistema que normaliza el colapso
y llama “incidencia puntual”
a lo que ya es estructural.
Mientras tanto, los enfermos aprendemos a esperar.
A esperar citas.
Resultados.
Derivaciones.
Respuestas.
A esperar incluso cuando el cuerpo ya no puede esperar más.
Y lo más peligroso de todo
es que nos estamos acostumbrando.
A que funcione mal.
A que duela.
A que falle.
Pero la sanidad pública es uno de los últimos lugares
donde aún somos iguales.
Donde tu cuenta bancaria no debería decidir
si te salvas o no.
Dejarla caer es romper el pacto más básico de una sociedad:
cuidarnos.
Defenderla no es ideología.
Es supervivencia.
Es memoria.
Es respeto a todo lo que costó construirla
y a toda la gente que hoy sigue sosteniéndola con las manos desnudas.
Yo no hablo desde un despacho.
Hablo desde un cuerpo enfermo
que necesita una sanidad pública fuerte para vivir.
Y como yo, millones.
No la dejemos morir.
Porque cuando muera del todo,
no podremos curar
la herida social que quedará.
Noah Higón @GVAsanitat@sanidadgob #EnfermedadesRaras
La declaración de Feijóo ante la jueza de la Dana confirma su irrelevancia política y hasta dónde llega su cinismo.
A Feijóo y a Mazón los une la mentira. Y Feijoo está condenado a tener el mismo destino: en el mejor de los casos, a seguir siendo diputado.
Tiempo al tiempo.
No hace falta que te guste Maduro para que te parezca una barbaridad que EE.UU. invada países y secuestre presidentes (por muy despreciables que sean).
Solo hace falta que defiendas el derecho internacional y te preocupe que Estados Unidos se comporte como un matón que interviene donde quiere sin ni siquiera aprobación de su propio Congreso.
Antes de que llegue la justificación de "lucha contra el narco" (hace años fueron las armas de destrucción masiva), recordad que Trump acaba de indultar a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras condenado a 45 años por meter 400 toneladas de cocaína en EE.UU.
El mismo Trump que dice invadir Venezuela "para combatir el narcotráfico".
Les da igual la droga. Quieren petróleo, poder y control de América Latina.
En una democracia, la rehabilitación no es un detalle: es un pilar. Si negamos la posibilidad de cambiar a quien tuvo un pasado violento o radical, incluso después de haber cumplido condena y roto con ese pasado, estamos negándonos a nosotros mismos como sociedad de derecho.
Los ejemplos son numerosos y hablan por sí solos.
Jon Juaristi, que estuvo en la primera ETA, acabó formando parte de instituciones culturales como el Instituto Cervantes y terminó militando en VOX.
Mario Onaindia y Teo Uriarte, condenados en el proceso de Burgos, pasaron de la militancia en ETA a convertirse en activistas por la democracia y el pluralismo, e incluso mantuvieron amistad y colaboración con figuras como Rosa Díez, que compartió con ellos parte de ese camino político.
Otegi, que militó en ETA y fue condenado por secuestro, pasó por prisión y se convirtió en una de las piezas que, junto a Eguiguren, ayudaron a abrir el proceso que condujo al final de la violencia.
Hasta Fernando Savater, que colaboró en su momento con el entorno de HB, acabó defendiendo posiciones abiertamente constitucionalistas y uniéndose a fuerzas como UPyD o incluso Cs.
Y lo mismo ocurrió con Aralar, un partido nacido desde el independentismo vasco, pero que rompió explícitamente con la violencia y apostó por la vía democrática.
Negar todas estas trayectorias solo porque una persona estuvo en un lado u otro del conflicto es desconocer la realidad: la democracia es posible porque existe la capacidad de cambiar, de abandonar la violencia y de integrarse en la vida política con garantías.
Sin la posibilidad real de rehabilitación, sin espacio para la evolución personal y política, jamás habría existido un proceso de paz.
Y sin ese proceso, hoy seguiríamos atrapados en un conflicto que solo pudo cerrarse gracias a que hubo gente capaz de dar pasos distintos a los que dio en el pasado.
La política exige memoria, sí, pero también exige perspectiva. Una sociedad madura no juzga solo de dónde viene alguien, sino hacia dónde decide caminar.
Mazón ha vuelto a repetir hoy la ensalada de mentiras que lleva repitiendo un año, pero que sus propias palabras desmienten.
Hoy repitió que pidieron ayuda y jamás la recibieron.
Los primeros días dejó claro que él estaba al mando y cada cosa que pedía la recibía al instante.