No hay persona más cobarde y egoísta que aquella que no tiene el valor de hablar claro, y solo deja que la otra persona se haga un desastre emocional intentando entender el desinterés y decidir si seguir ahí o dejarlo todo.
La madrugada tiene sus propias reglas. Los problemas se agrandan. La soledad pesa más. Es una trampa. Nada se soluciona a esa hora. La respuesta siempre es dormir.