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El carlismo está por encima de estilos personales: es una forma de entender la vida y la política desde la fidelidad a una misión. Hablamos también del papel de los laicos católicos en política y de las tentaciones que nos desvían.
Estamos entrando en un diálogo de besugos. Dígame que la ikurriña no se parece a la union jack.
¿Se parece o no se parece?
Se parece.
Mucho.
Y por eso no falto a la verdad cuando digo union jack daltonica porque lo que cambian son los colores que eso es lo que les pasa a los daltonicos.
Todo esto puede parecer una chorrada o un debate menor pero indica hasta que punto el nacionalismo, como buena ideología, tiende a negar la realidad.
Acepte la verdad hombre. Eso es lo que nos da la askatasuna.
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Tres lecciones sobre Montejurra 76: un episodio clave de la historia del Carlismo que no debe olvidarse. A 50 años de aquellos hechos, recordamos una maniobra de guerra sucia que quiso apartar al Carlismo de la vida pública y que, por fortuna, no logró su objetivo.
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Bueno, gracias por la detallada respuesta.
Lo de nuestro rechazo a los partidos no puedo retirarlo. El mayor error de Carlos Hugo y su equipo, desde nuestro punto de vista, fue ese, conformarse con que el Carlismo pasara a ser un partido al estilo de los partidos liberales que llevábamos 150 años combatiendo.
Con lo de la guerra fría he podido dar a entender que en aquellos años siempre se lograba polarizar todo radicalmente. Las cosas son más complejas porque aquellos debates lo que generalmente conseguian, más que un encuadramiento nítido geoestrategico, era confusión, bandazos e incertidumbre. En el P. Carlista se llegó a decir que se podía ser ateo y carlista, se aceptó la ikurriña peneuvista, se ponía a Yugoslavia como modelo territorial, se pasó de monarquía tradicional a accidentalismo. Por esas cosas los carlistas fueron abandonándolo.
Por último, respecto a la unidad carlista te puedo asegurar que en estos 40 años los esfuerzos por acoger a todas las sensibilidades han sido constantes. Y siguen. Y acabarán bien, porque el Carlismo, salvando momentos de infecciones por modas varias (integrismos, tics fascistas, tonteos con el nacionalismo, progresismo sesentero, etc) tiene una base doctrinal muy sólida. En el Carlismo hay un núcleo de Ideario que es indiscutible y a partir de ahí existe mucha libertad de opinión. Nada que ver con el programa rígido de cualquier típico partido.
Estimado @jasielparis, buen intento, pero déjame que complete el relato de lo del 76 con el punto de vista del Carlismo clásico, ese que no cayó entonces en la trampa que les invitaba a hacer de mamporreros de la derecha, y el mismo que llevaba tiempo apartándose asqueado de la heterodoxia neocarlista, porque nunca consintió que la defensa de la España tradicional se convirtiera en un vulgar partido ideológico. Ese Carlismo, que tengo el honor de presidir, es el que vive todavía, cuarenta años después, agrupado en torno a la Comunión Tradicionalista Carlista @Carlistas
La revolución huguista, liderada por el príncipe Carlos-Hugo de Borbón-Parma, que transformó de golpe la histórica Comunión en un nuevo Partido progre en el contexto complejísimo del 68, del desarrollismo, del postconcilio y del tardofranquismo no fue ni tan limpia, ni tan natural, ni tan tradicional como la describes. Recordemos que en aquellos años todo conflicto, cualquier debate, era polarizado según el esquema de la "guerra fría". El Carlismo no fue ajeno a ello y la debilidad a la que le había sometido el régimen franquista lo hacía especialmente vulnerable.
Muchos católicos en todo el mundo vivieron la misma dicotomía tramposa según la cual o se entraba en la onda de una teología de la liberación infectada por agentes soviéticos o se adoptaban los aires del catolicismo americanista conservador promovido por la CIA. El auténtico Carlismo no necesitaba ni a unos ni a otros para seguir siendo sinceramente cristiano, social, familiar, antiliberal, comunitario y defensor de una monarquía moderada.
Lamentablemente la dirección oficial del Carlismo cayó en manos de la tentación izquierdista que rodeaba a Carlos Hugo. Eso, y la respuesta poco elaborada de Sixto, el hermano derechista, puso en bandeja la posibilidad de dar un golpe mortal al Carlismo para agentes sin escrúpulos.
La "operación reconquista" fue la típica sucia maniobra de las cloacas con la que el estado partitocrático naciente -Juan Carlos, Fraga y compañía- quiso eliminar algo tan incómodo e incomprensible para ellos como el Carlismo. Para ello nada mejor que construir un relato presentándolo como una panda irracional y fratricida.
En 1976 la inmensa mayoría de los carlistas ortodoxos, los carlistas del Dios-Patria-Fueros-Rey de toda la vida, no respondieron a la llamada tramposa de unos ni de otros. Se quedaron al margen. Pero la trampa era poderosa y no solamente mató a Aniano y a Ricardo sino que eliminó de paso la militancia ilusionada de miles de carlistas que abandonaron el campo político en los años clave de la transición.
A partir de ahí costó diez años llegar a la reconstitución de la actual Comunión Tradicionalista Carlista en el Congreso de la Unidad Carlista celebrado en El Escorial en mayo de 1986. Se consiguió enderezar el rumbo, pero se había perdido un tiempo precioso.
Se ha cumplido ya medio siglo del Montejurra 76 y para mí, que tengo 56 tacos, es simplemente historia de la que hay que extraer varias lecciones.
Primero, humildad: no te engrías pensando en que la pureza doctrinal te va a librar de caer en trampas diabólicas, en este mundo nada hay tan sólido que no pueda derrumbarse.
Segundo, astucia: el mal existe, y no deja de conspirar, con toda clase de artimañas inmorales, para beneficiar a los inmorales.
Y tercero, esperanza: no es la primera vez que dan al Carlismo por muerto, pero es que el Carlismo no es un partido sino la esencia de España. Es el ADN de lo que somos. Por eso volverá.
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Zapatero imputado, Marruecos, Ceuta y Melilla y un silencio mediático que dice más de lo que parece. En este análisis de Javier Garisoain se señalan dos asuntos que afectan de lleno a España y que los grandes medios han pasado por encima.
Muchas gracias a los correligionarios de Mallorca, a la junta regional carlista y al Cercle Tradicionalista del Regne de Mallorca por la calurosa acogida. ¡Volveremos!
Debatir con euskadianos siempre es difícil porque el nacionalismo es una enfermedad psdudorreligiosa complicada pero hacerlo con euskadianos futboleros es suicida, lo sé. Se alborotan como una bandada de gallinas y empiezan a decir chorradas a cual mas grande.
Odio hacer esto pero les explicaré el chiste con todo mi cariño para responder así a todos ellos.
El athletic de Bilbao puede poner en sus camisetas lo que quiera, pero si pone un mapita incluyendo a Navarra, y además con la bandera sabiniana (la union jack daltónica), que no se extrañen de que a muchos navarros nos siente como una patada en los mismísimos.
Por aclarar:
1. No tengo nada contra Euskalherria como ámbito cultural, al revés, lo aprecio y defiendo siempre que puedo. Conozco la versión original del Oriamendi y me parece estupenda.
2. La de los Williams me parece una historia ejemplar de integración. Yo no pondría el mapa de Ghana en la camiseta del athletic pero tampoco el de Navarra. Aquí el único racismo que hay es el que dió origen a las paranoias darwinistas de Sabino Arana y que sus sucesores han sustituido por un antirracismo tipo netflix igualmente estúpido.
3. Puedo soportar que el athletic se dedique a fichar jugadores navarros porque les gustan sus apellidos vascos o porque juegan bien, pero que sepan que nunca nos podrán comprar a todos. Es odioso que algunos pretendan tratar a Navarra como su patio trasero. Se lo decimos siempre pero no hacen caso: dejen de faltarnos al respeto. ¿Que quieren que estemos unidos navarros y vizcaínos? Ya lo estamos. En esta cosa maravillosa que los carlistas llamamos Las Españas.
Y relájense un poco que les veo muy tensos.
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Cuando se renuncia al Evangelio en la política, el servicio desaparece y vuelven la tiranía, la opresión y los políticos que no sirven.
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