Columna conjunta #PastranaElPeriodista de @anacrisrestrepo y @AnaBejaranoRG insistiendo en que expresidente Pastrana responda de fondo y sin evasivas, y su solicitud para que @CConstitucional seleccione y revise la tutela propuesta por las columnistas https://t.co/YsnbNa0u2C
Una pregunta, ya que pasó la campaña y es hora de gobernar en serio:
¿Hasta cuándo vamos a ver al presidente haciendo el saludo militar, hablando de tigres y manadas, y haciendo un violento gesto de la mano al tiempo que grita “¡Firmes por la patria!” como si fuera un karatazo?
Insisto: ya pasó la campaña y es hora de gobernar.
En serio.
Leer al expresidente Petro presentándose como víctima de las bodegas digitales es de lo más absurdo que leeremos esta semana. Fue él quien creó y empoderó bodegas digitales, agresivas y hostiles. Y, para colmo, las contrató por prestación de servicios en decenas de entidades.
Fui crítico del gobierno Petro por sus "excesos woke", y mi objeción jurídica más incómoda se oyó en todo el país cuando el nombramiento de su ministro de Igualdad dejó la participación femenina del gabinete por debajo del mínimo que ordena la Ley 2424/2024. No soy petrista ni he militado en el Pacto Histórico, y aun así costó: desprecio, exclusión de espacios y el rótulo de "facha" desde la propia militancia del gobierno. Todavía hay algunos directos y en las sombras que me siguen odiando.
Pero lo dije, y lo dije entonces. Que los excesos terminan pasando factura, como ha ocurrido en todos los lugares donde se volvieron lenguaje político corriente. Por ello, desde esa claridad les afirmo, en términos constitucionales: la nominación jurídica de "las niñas" no viene de esa genealogía. Nunca vino.
Sostener que la aparición de los sujetos jurídicos "mujer" y "niña" proviene de esa doctrina es un anacronismo. "Mujeres" y "Niñas" vienen de la gran tradición jurídica de la igualdad material frente a la ley, la misma que permitió conquistas como la Ley 28/1932, que suprimió la potestad marital y devolvió a la mujer casada la administración de sus bienes o del Decreto 2820/1974, que igualó jurídicamente a los cónyuges en la familia.
El mismo derecho constitucional colombiano lo reconoció por la vía más clara posible. En la C-804 de 2006, la Corte expulsó del ordenamiento la regla del artículo 33 del Código Civil que permitía entender comprendidas a las mujeres bajo la palabra "hombre". Por ese mismo camino, "niño" fagocitaba a la niña. Y no fue casualidad que ese mismo año el Código de la Infancia y la Adolescencia se expidiera diciendo: niños, niñas y adolescentes.
En Colombia la discusión sobre los excesos identitarios apenas empieza a darse con seriedad. Pero es justo no confundirla con otra: una cosa es criticarlos, otra muy distinta usar esa crítica para prescindir de sujetos de especial protección constitucional. Lo segundo no corrige nada. Deshace conquistas de las mujeres y de las niñas.
No lo olvidemos.
Estimado señor @John_Narvaez_: soy profesor de derecho constitucional y de filosofía del derecho, y dicto la cátedra de capacidad jurídica de las personas con discapacidad, en el marco de la Ley 1996 de 2019, en la Especialización en Derecho de Familia de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Estos intercambios me parecen siempre una oportunidad para contribuir a la estabilización del derecho y de sus instituciones. Le respondo, entonces, con paciencia y con el mismo respeto con que atiendo a cualquiera de mis estudiantes.
Sea lo primero aclarar que la expresión "las niñas" no pertenece a ninguna neolengua posmoderna ni proviene de subjetividades nominales que he criticado abiertamente, como lo hice en su día con el extinto Ministerio de Igualdad y con el nombramiento del entonces ministro Florián, que un tribunal terminó dándonos la razón. No estamos hablando de lo mismo.
El derecho de familia y el derecho constitucional del siglo XXI no confunden la niñez, que es un estado del desarrollo humano, con niño, niña y adolescente, que son los sujetos de derechos. Confundirlos equivale a confundir a la persona con discapacidad con la discapacidad. Uno nombra una condición; el otro nombra a quién debe proteger la ley. Jurídicamente no es lo mismo decir "proteger la niñez" que proteger a "los niños, las niñas y los adolescentes". Lo primero pertenece al lenguaje corriente; lo segundo, al lenguaje jurídico-institucional, que es el que produce consecuencias jurídicas de protección. Ese es el punto de partida.
En efecto, nadie sostiene que cambiar una vocal evite un crimen o una violación de derechos. Esa sería una reducción absurda del argumento. Lo que afirmo, y sobre lo que descansa buena parte del derecho internacional de los derechos humanos y del derecho constitucional de familia, es un principio elemental de todo sistema jurídico moderno: lo que no se nombra no existe, y lo que no existe no se protege. Pero, hay algo más, y es lo decisivo.
Proteger a una "niña" no es lo mismo que proteger a un "niño". Unas y otros enfrentan formas distintas de discriminación y de violencias, y así lo han reconocido el derecho de familia, el derecho penal y el derecho constitucional, pero también la tradición del derecho internacional. Piense usted, por ejemplo: las cargas de violencia que soporta una "niña sorda" son profundamente distintas de las que enfrenta una "niña oyente", pero unas y otras difieren de las de cualquier niño. Por ello, comprender cómo opera esa diferencia (entre niño y niña) no es revictimizar ni inferiorizar perpetuamente a las niñas frente a los niños; no es ninguna desventaja humana ser una niña. La diferencia entre niño y niña opera como punto de partida y categoría analítica de cualquier sistema jurídico de prevención y protección. No se protege lo que no se distingue.
Sobre el "lenguaje neutro" que en Colombia fue para todos los efectos, el "universal masculino" se rompió jurídicamente en 2006. La Corte Constitucional, mediante la sentencia C-804 de ese año declaró "inexequible" (inconstitucional) la norma del artículo 33 del Código Civil según la cual la palabra "hombre" y su semejante "niño", comprendía a ambos sexos. La Corte sostuvo que el uso generalizador del masculino era en sí mismo discriminatorio, excluyente y exclusivo. Fue tan explícita en ello que descartó la salida de una sentencia interpretativa; declarar la norma exequible bajo el entendido de que también cobijaba a las mujeres habría equivalido, dijo la Corte, a reproducir la disposición demandada que declaró inconstitucional.
Y precisó algo decisivo para esta discusión: su decisión recaía sobre el lenguaje jurídico y no sobre el lenguaje corriente. Justamente por eso el punto importa. Prescindir de la mención "las niñas" en documentos oficiales no es una decisión de estilo. Es intervenir el lenguaje jurídico, que es el terreno donde la Corte ya fijó el criterio y es el terreno donde gravitan las instituciones públicas del Estado. Y fíjese en la coincidencia: ese mismo año, la Ley 1098, actual "Código de la Infancia y la Adolescencia", en cuya redacción participó la exdefensora delegada del pueblo, Dra. @Crist_hurtado, incorporó de manera sistemática la expresión "niños, niñas y adolescentes". Con ello consolidó en el derecho colombiano de infancia y familia la visibilización expresa de las niñas como sujetos de derechos. No existe, entonces, justificación constitucional ni legal para prescindir de la mención "las niñas" en documentos oficiales ni en ninguna otra actuación del Estado. Ese debate se cerró hace veinte años.
Dicho lo cual, parto siempre de la buena fe. Es probable que alguien haya sugerido simplificar el lenguaje creyendo que decir "niñez" equivale a decir niño y niña, sin ninguna intención de excluir. Eso no es maldad, es desconocimiento, y el desconocimiento no es culpa de nadie: nadie lo sabe todo. Ocurre lo mismo con las personas con discapacidad. Hay quien dice "discapacitado", palabra que borra a la persona y que responde a una lógica capacitista, y sin embargo casi siempre se dice por ignorancia y no por inquina.
Lo digo con conocimiento de causa. Cuando llegué al @insorcolombia, en 2013, como asesor de la dirección general, dije en una reunión "sordomudo". Lo dije porque así hablaba el Código Civil, con un término que hoy resulta impreciso en términos legales, convencionales y constitucionales. Medio instituto me cayó encima, y con razón. No quiero imaginar el revuelo si en ese momento yo hubiera sido el director general. Aprendí ese día algo que no estaba en ningún manual; el lenguaje jurídico también envejece, y quien trabaja en estas materias tiene el deber de mantenerse al día.
Por eso entiendo lo que hoy ocurre y no juzgo a quien se equivoca. No calificaría de penosa la actuación del @ICBFColombia, institución que conozco y respeto, porque señalar un error de técnica no es lo mismo que faltar al respeto. Reitero, además, mi reconocimiento a la trayectoria de su nueva Directora General, la Dra. @carorestrepocan, y el respeto que merece en el ejercicio de su cargo. El irrespeto no se justifica, venga de donde venga.
Finalmente, estimado, espero que estas líneas despejen sus inquietudes. Las ofrezco con el mismo espíritu con que asumo el oficio de enseñar, que nunca ha sido el de descalificar. Cierro con lo que este debate nacional nos permite recordar; la mención jurídica de las niñas, como parte del lenguaje que precisa quién es sujeto de derechos frente al Estado, quedó resuelta hace veinte años en sede constitucional. Reabrir esa discusión no tiene justificación alguna. Un saludo.
¿Cómo hacerles entender a ambos?
Ni la paz es de izquierda ni la seguridad es de derecha.
El gobierno anterior capturó la paz y satanizó la seguridad.
El gobierno actual captura la seguridad y sataniza la paz.
Los derechos no tienen ideología, son ciudadanos,
¿Quién entiende a la derecha?
1. Fue un gobierno de derecha (el de Andrés Pastrana) el que nos metió en la Corte Penal Internacional para tener un instrumento disuasivo contundente en contra de los grupos subversivos.
2. Fue un gobierno de derecha (el mismo de Álvaro Uribe) el que se enfrentó a Estados Unidos y resistió su presión para que Colombia le diera un weaver especial en nuestro territorio a sus ciudadanos frente a esa entidad. La resistencia no fue exitosa, pero al menos se intentó.
3. Fue un gobierno de derecha (el de Álvaro Uribe) el que usó constantemente a la Corte Penal Internacional para amenazar la estabilidad del acuerdo de paz con el argumento de que la CPI debería encargarse de que no existiera impunidad.
4. Y ahora, es un gobierno de derecha el que toma la decisión de sacarnos de la CPI para complacer la embestida del gobierno Trump contra esa entidad, no teniendo en cuenta que es el instrumento internacional al que más le temen los subversivos en este país.
El milagro que necesita Colombia no es compararse con el gobierno anterior, sino hacerlo tan bien como el país necesita. Estar a la altura del momento, ser ejemplo para los que vienen y no pensar solo en lo que necesitan los políticos, sino en lo que les duele a las familias colombianas.
En momentos como este se ve la empatía, el liderazgo y la capacidad de trabajar en equipo de quienes gobiernan. Colombia necesita y merece que lo hagamos mejor.
El Pacto Histórico con Petro a la cabeza perdió su gran oportunidad: cuatro años con el poder del gobierno nacional en sus manos y lo desperdiciaron ¡se rajaron!: incompetencia, irresponsabilidad, caos, despilfarro, corrupción y la tapa: Petro desvirolado en viaje por los astros!
En una época de adolescencia política, el Centro Democrático se está comportando como el adulto responsable de la sala.
Viene de una derrota fuerte y, en vez de acomodarse a cualquier costo, ha asumido el costo de sostener posiciones.
No porque tenga siempre la razón, sino porque parece haber entendido algo elemental: no todo vale, el sectarismo no puede ser una brújula, las instituciones importan, el Estado de derecho va primero y las cuentas tienen que cuadrar.
Hay que saber reconocer el valor de eso.
Julián de Zubiría lanza una dura reflexión sobre la corrupción en Colombia: la mayoría de los ladrones que desfalcan al Estado no salieron de la calle, sino de las universidades más prestigiosas. Ostentan títulos de maestrías y doctorados, demostrando que la educación superior no garantiza la ética ni la honestidad.
La crisis institucional del país no pasa solo por la falta de títulos, sino por la pérdida de valores en quienes toman las decisiones más importantes. ¿Qué opinan de esta advertencia?
https://t.co/cZqx8Evvny
La siguiente es una lista de las decisiones de política exterior que el gobierno ha tomado en una semana y que el Canciller no ha salido ni a anunciar, ni a explicar. Algunas de ellas, ni siquiera han sido dadas a conocer en Colombia. Nos están debiendo a todos una rueda de prensa bien larga:
1️⃣ Salida de la Iniciativa de la Franja y la Ruta China
2️⃣ Traslado de la Embajada de Colombia en Israel a Jerusalem
3️⃣ Reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental
4️⃣ Reconocimiento de la soberanía de Israel sobre los Altos del Golan
5️⃣ Inicio de operaciones militares conjuntas con el ejército estadounidense
Y todo esto, en medio de una emergencia nacional.
Valdría la pena recordarle al gobierno que la política exterior es una política pública como cualquier otra: la transparencia y la rendición de cuentas también aplican en esta área.
Dicen que el logro de Petro fue haberle dado voz a sectores excluidos de Colombia.
Yo no creo. No les dio voz. Les dio algarabía, vociferación confusa, esperanza fallida.
Los sectores marginados de este país tan desigual requieren voz inteligente, clamor certero, vocería clara.
Yo si quiero venganza, pero venganza judicial legítima, nada de falsos testigos ni fiscales y jueces acomodados, como actúan ellos, son criminales y las pruebas están, que paguen por el daño que le hicieron a Colombia.
Hagamos un corte de cuentas. El M-19 dejó las armas en marzo de 1990. Treinta y seis años después acaba de terminar la nefasta presidencia de Petro. Es impresionante pensar hasta dónde pueden llegar las consecuencias de una decisión política. Un proceso de paz firmado hace más de tres décadas terminó abriendo el camino para que uno de sus guerrilleros hiciera una de las presidencias mas dañinas de la historia.
Y no solo fue un presidente desastroso. Petro termina su mandato desconociendo el resultado de las elecciones y denunciando un fraude inexistente. La ironía histórica es enorme, porque el M-19 construyó su legitimidad alrededor de la acusación de fraude en las elecciones del 19 de abril de 1970. De ahí tomó incluso su nombre. Décadas después, Petro llega a la Presidencia por la vía electoral y, cuando su proyecto político pierde en las urnas, reaparece el mismo relato: nos robaron las elecciones.
Les dimos Constitución y les dimos Presidencia, pero cuando pierden unas elecciones, las desconocen y amenazan con volver a las armas. Para ellos nada es suficiente. Solo les sirve el poder total. Por eso no se les puede dar ni un milímetro.
Comparto plenamente la verticalidad de @elespectador con su histórico y valeroso editorial de hoy, 7 de agosto; esa debe ser una ruta digna, no el camino de aplausos, lisonjas,lambonería y entregas ciegas que otros empezaron a ejecutar hoy desde otras tribunas. Este editorial nos representa a muchos colombianos que queremos seguir creyendo en la democracia. Imperdible. https://t.co/VH0xTGwSRs
Termina el gobierno que acabó con el sistema de salud. En el que crecieron los grupos armados ilegales y el secuestro y la extorsión volvieron a ser pan de cada día. El gobierno que se subió a tarimas con criminales y les permitió desplazarse con total impunidad por el país en camionetas oficiales. El que se reunió en las sombras con “Papá Pitufo” y puso la inteligencia del Estado al servicio de intereses oscuros, mientras acababa con la carrera de oficiales con años de experiencia. El gobierno en el que asesinaron a Miguel Uribe Turbay.
Termina el gobierno que nos quitó la soberanía energética a punta de ideología, que marchitó a Ecopetrol y nos dejó el fantasma del apagón respirándonos en la nuca. El que se endeudó mucho y ejecutó poco, mientras prometía universidades, trenes interoceánicos, aeropuertos y data centers que nunca llegaron. El que despreció la tecnocracia y la reemplazó por la incompetencia. El que se saltó la regla fiscal. El que entregó entidades enteras a personas cuyo único mérito era la cercanía con el presidente. El que engordó el Estado a punta de empleo militante y de ministerios que no sirvieron para nada.
Termina el gobierno que despreció la separación de poderes y la institucionalidad. El que intentó saltarse al Congreso, atacó al Banco de la República y a los jueces con una narrativa de “golpe blando” que nunca fue real. El que arremetió contra el sistema electoral cuando no le gustó el resultado. El que hizo hasta lo imposible por llevarnos por el camino de una constituyente.
Termina el gobierno en el que siempre hubo una excusa. El que deja altos funcionarios presos y prófugos por corrupción. El que graduó de traidores a quienes lo acompañaron y osaron contradecir la voz presidencial.
Hoy termina el gobierno que incendió las calles. El que dejó al país en un estado tal que la gente no vio otra alternativa que elegir a Abelardo de la Espriella.
Adiós, @petrogustavo.