Contando los días con absoluta alegría y corazón galopante.
Jueves 28 de mayo
19.00 h. (60 min + firma)
Entrada gratuita con inscripción previa
Lugar: Casa del Lector @CasaLector
Matadero #Madrid
https://t.co/XtZTbaLxCE
@sirihustvedt@Seix_Barral
En 1975, tras la muerte de su madre, #Borges publicó uno de sus poemas más conmovedores: "He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz". Lo tituló "El remordimiento" y su lectura hiela el sentimiento.
El Verdadero Amor Según Bryan Adams
La canción "Have You Ever Really Loved A Woman?" de Bryan Adams es una exploración lírica del amor profundo y comprometido hacia una mujer.
A través de sus versos, Adams describe lo que significa amar verdaderamente a una mujer, enfatizando la importancia de la comprensión, la empatía y el apoyo incondicional.
La letra sugiere que amar a una mujer va más allá de la atracción física; implica conocerla íntimamente, escuchar sus pensamientos, apoyar sus sueños y ver un futuro juntos.
El coro repite la pregunta que da título a la canción, invitando a los oyentes a reflexionar sobre la naturaleza de su propio amor y si han experimentado ese nivel de conexión emocional y compromiso.
Adams insiste en que el amor verdadero requiere comunicación y afirmación, diciéndole a la mujer que es deseada y que es la única, proporcionando seguridad y promesas de un amor eterno.
Musicalmente, la canción combina la balada rock característica de Bryan Adams con influencias latinas, lo que refuerza la pasión y la intensidad del mensaje.
La guitarra española que se escucha en la canción añade un toque romántico y exótico, subrayando la universalidad del amor y la conexión humana que Adams busca transmitir a través de su música.
Nick Cave perdió a su hijo de 15 años, Arthur, en 2015; y a su hijo Jethro, con 31 años, en 2022.
Hace poco respondió así a un fan que le preguntaba por qué seguir creyendo en el mundo, en vez de abismarse en el cinismo.
Y un día te vas a dar cuenta de que ya no existe ese bullicio infantil que tanto desgasta; y ese caos armónico es silencio ruidoso porque las hojas del calendario no perdonan.
Y es de repente... de repente caes en la cuenta de que la bañera ya no es un baúl desastre lleno de juguetes, y que no te han dejado en el lavabo ese balón de gomaespuma, ni hay muñecas en un sofá dormido, ni playmobils esparramados por la casa...
Y un día te vas a dar cuenta de que no hay carreras por pasillos interminables; ni risas a hurtadillas en la cama para desafiar el sueño; ni cuentos a quien leer, ni sábanas a quien tapar a medianoche, ni almas respirando sueños...
Y un día te vas a dar cuenta de que la despensa está llena de recuerdos y que sobran platos en la mesa; y que todo está en orden... sin mochilas en el suelo de la entrada, sin lápices desordenados en pupitres de colores, ni esa ropa que no entra en el cesto y que las camas no se deshacen...
Y un día... serás huérfano de tus hijos que crecieron con el permiso de la vida. Y te sentarás en el sillón sabio del libro que echa de menos una voz inocente que le interrumpa. Y cada página que pases, léela con detenimiento porque esa... ya no vuelve. Es la vida.
Emilio Leiva
Visto en redes.
“CARTA DE UNA PROFESORA” PARA LOS “IGNORANTOS E IGNORANTAS”
Vía Facebook : : 🔝🔝🔝
“Carta de una Profesora” con acertadísima y lapidaria frase final. Está escrito por una profesora de un instituto público.
Yo no soy víctima de la Ley Nacional de Educación. Tengo 69 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política.
En jardín (así se llamaba entonces lo que hoy es “educación infantil”, mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente:
la A de “araña”, la E de “elefante”, la I de “iglesia” la O de “ojo” y la U de “uña”.
Luego, cuando eras un poco mayor, llegaba “Semillitas”, un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto.
Eso sí, en el Semillitas, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos.
En Primaria estudiábamos Lengua, Matemáticas, Ciencias, no teníamos Educación Física.
En 6º de Primaria, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de “b en vez de v” o cinco faltas de acentos, te bajaban y bien bajada la nota.
En Bachillerato, estudié Historia de España, latín, Literatura y Filosofía.
Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las “Coplas a la Muerte de su Padre” de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda…
Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección.
Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura.
Y… vamos con la Gramática.
En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales.
El participio activo del verbo atacar es “atacante”; el de salir es “saliente”; el de cantar es “cantante” y el de existir, “existente”.
¿Cuál es el del verbo ser? Es “ente”, que significa “el que tiene identidad”, en definitiva “el que es”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación “ente”.
Así, al que preside, se le llama “presidente” y nunca “presidenta”, independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.
De manera análoga, se dice “capilla ardiente”, no “ardienta”; se dice “estudiante”, no “estudianta”; se dice “independiente” y no “independienta”; “paciente”, no “pacienta”; “dirigente”, no dirigenta”; “residente”, no “residenta”.
Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son “periodistos”), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por la dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hacen más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).
Les propongo que pasen el mensaje a vuestros amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no “ignorantas semovientas”, aunque ocupen carteras ministeriales).
Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!
SI ESTE ASUNTO “NO TE DA IGUAL”, PÁSALO, POR AHÍ, CON SUERTE, TERMINA HACIENDO BIEN HASTA EN LOS MINISTERIOS.
Porque no es lo mismo tener “UN CARGO PÚBLICO” que ser “UNA CARGA PÚBLICA”.
El 4 de marzo de 1952, hace hoy 74 años, #Hemingway envió una carta a su editor anunciando que había finalizando una novela corta escrita durante tres años. "Esta es la prosa por la que llevo trabajando toda mi vida", señaló en esa carta. Había terminado "El viejo y el mar".
¿Qué es el tiempo? Siempre podremos decir, como San Agustín: "Si no me lo preguntan, lo sé. Si me lo preguntan, lo ignoro".
No sé si al cabo de veinte o treinta siglos de meditación hemos avanzado mucho en el problema del tiempo. Yo diría que siempre sentimos esa antigua perplejidad, esa que sintió mortalmente Heráclito en aquel ejemplo al que vuelvo siempre: nadie baja dos veces al mismo río.
¿Por qué nadie baja dos veces al mismo río?
En primer término, porque las aguas del río fluyen. En segundo término —esto es algo que ya nos toca metafísicamente, que nos da como un principio de horror sagrado—, porque nosotros mismos somos también un río, nosotros también somos fluctuantes.
El problema del tiempo es ése. Es el problema de lo fugitivo: el tiempo pasa. Vuelvo a recordar aquel hermoso verso de Boileau: "El tiempo pasa en el momento en que algo ya está lejos de mí".
Mi presente —o lo que era mi presente— ya es el pasado. Pero ese tiempo que pasa, no pasa enteramente.
Por ejemplo, yo conversé con ustedes el viernes pasado. Podemos decir que somos otros, ya que nos han pasado muchas cosas a todos nosotros en el curso de una semana. Sin embargo, somos los mismos.
Yo sé que estuve disertando aquí, que estuve tratando de razonar y de hablar aquí, y ustedes quizá recuerden haber estado conmigo la semana pasada.
En todo caso, queda en la memoria. La memoria es individual. Nosotros estamos hechos, en buena parte, de nuestra memoria. Esa memoria está hecha, en buena parte, de olvido.
Jorge Luis Borges
El Tiempo.
Borges, Oral (1979)
Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros; yo sigo llenando mi casa de libros. Los otros días me regalaron una edición del año 1966 de la Enáclopedia Brokhause. Yo sentí la presencia de ese libro en mi casa, la sentí como una suerte de felicidad. Ahí estaban los veintitantos volúmenes con una letra gótica que no puedo leer, con los mapas y grabados que no puedo ver; y sin embargo, el libro estaba ahí.
Yo sentía como una gravitación amistosa del libro.
Pienso que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres.
Se habla de la desaparición del libro; yo creo que es imposible. Se dirá qué diferencia puede haber entre un libro y un periódico o un disco. La diferencia es que un periódico se lee para el olvido, un disco se oye asimismo para el olvido, es algo mecánico y por lo tanto frívolo. Un libro se lee para la memoria.
Jorge Luis Borges.
Venecia no fue construida sobre tierra firme…
Sino sobre millones de árboles hundidos en el fondo del mar.
Desde el año 421 d. C., esta ciudad flotante ha desafiado las leyes del tiempo y la ingeniería.
Mientras otras ciudades se alzan sobre roca o concreto, Venecia se apoya en troncos de madera sumergidos en agua salada.
Sí, madera.
Principalmente aliso, un tipo de árbol que no se descompone bajo el agua.
Cuando se coloca en arcilla y se sumerge en sal, la madera no se debilita… se petrifica.
Se endurece con los siglos, volviéndose casi tan resistente como la piedra.
Una maravilla antigua que aún sostiene una ciudad entera.
El Campanario de San Marcos descansa sobre 100.000 pilotes de madera.
La majestuosa Basílica della Salute necesitó más de un millón.
Cada pilote fue clavado a mano, espaciado cada medio metro, y extendido hasta 3 metros bajo el lecho marino.
Pero, ¿por qué construir una ciudad sobre el agua?
A comienzos del siglo V, las tierras de Italia eran invadidas por tribus bárbaras.
La gente huyó de sus hogares y encontró refugio en la pantanosa laguna veneciana.
Los invasores no podían cruzarla fácilmente, y el agua se convirtió en muralla.
Allí, entre canales y barro, nació una de las ciudades más asombrosas del mundo.
Una ciudad que no se impuso sobre la naturaleza…
la abrazó.
Venecia no flota por magia.
Flota por ingenio, por necesidad… y por la fuerza de una historia que se niega a hundirse.
Dijo una vez Meryl Streep: “Envejecer no es para los débiles. Un día despiertas y te das cuenta de que la juventud quedó atrás, pero con ella también se van las inseguridades, las prisas, la necesidad de complacer. Aprendes a caminar más lento, pero con más certeza. A despedirte sin miedo, a valorar a quien se queda. Envejecer es soltar, es aceptar, es descubrir que la belleza nunca estuvo en la piel, sino en la historia que llevamos dentro.”
Cerebros seducidos (la historia de Friné)
«La belleza nos ciega. Según los psicólogos, tendemos a pensar que las personas atractivas son además inteligentes y dignas de confianza».
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@Milenio#México