HOMBRES GAY DESPUÉS DE LOS 50: ¿CUÁNDO NOS VOLVIMOS INVISIBLES?
La juventud tiene fecha de caducidad. La dignidad, no.
Hay una realidad incómoda dentro de nuestra comunidad homosexual: envejecer siendo gay puede convertirse en una experiencia profundamente solitaria.
Un día tienes 25 años, eres atractivo, deseado, te buscan. Después llegan los 50, los 60 y, de pronto, para muchos ya no eres un hombre deseable, simplemente eres «el señor».
¡Qué ironía! Una comunidad que lucha contra la discriminación termina discriminando a sus propios integrantes por el terrible pecado de cumplir años.
Muchos hombres maduros no encontraron pareja. Sus padres murieron, sus hermanos formaron familias, los amigos se alejaron y el teléfono dejó de sonar. La soledad comienza a pesar y, algunas veces, termina convirtiéndose en depresión.
Algunos buscan desesperadamente afecto en hombres jóvenes que, aprovechándose de su vulnerabilidad, les venden compañía disfrazada de amor. No todos, por supuesto. Existen relaciones entre generaciones auténticas y maravillosas.
Mi abuela decía: «Viejo que no da dinero, da lástima».
¡Qué frase tan cruel! Pero ¿desde cuándo tenemos que pagar para merecer cariño?
A mis contemporáneos les digo: ¡dejen de pedirle permiso a la juventud para sentirse deseables! No necesitan un abdomen perfecto ni aparentar 30 años para vivir una sexualidad plena. Construyan amistades, recuperen ilusiones, enamórense. ¡La sexualidad no se jubila y la sensualidad no tiene fecha de vencimiento!
A los jóvenes: no tienen obligación de sentirse atraídos por un hombre mayor, pero sí de respetarlo. Muchos de esos hombres lucharon por libertades que hoy ustedes disfrutan. Y recuerden: si la vida se los permite, algún día estarán del otro lado de esa mirada.
Envejecer no significa dejar de ser hombre, homosexual, sensual o digno de amor. Y estar solo no significa estar condenado a la soledad.
El amor puede llegar a los 20, a los 50 o a los 75. Lo que jamás debemos permitir es que el miedo a no encontrarlo nos obligue a aceptar cualquier cosa que se le parezca.
Y termino preguntando:
A los jóvenes: ¿por qué desprecian tanto la vejez si es precisamente el futuro al que esperan llegar?
Y a los maduros: ¿cuándo comenzaron a creer que para merecer amor tenían que pagar por él o disculparse por haber envejecido?
F. Jaime
No hagas ruido que mami esta durmiendo, no querrás que tu mami se entere que te someto como la perra sumisa y tragona de papi, todas las mañanas hasta dejarte toda mi leche chorreando en tu culo.
Lo sorprendí revisando el cajón de su mami, estoy seguro que buscaba un juguete para usarlo en su culito estrechito, y qué mejor juguete que el de su papi, aprendió la lección que es mejor jugar con uno de verdad, uno que lo deje roto y bien saciadito.
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