Maduro dio la orden.
Hoy murió a manos del régimen venezolano, Jesús Manuel Martínez Medina.
Su delito: Ser testigo de mesa en la victoria de los venezolanos el 28 de julio que despidió a Maduro del poder.
Jesús era miembro del @ConVzlaComando en el estado Anzoátegui.
Murió por las condiciones inhumanas en las que estuvo secuestrado.
Le sobreviven su madre, Mari, y su hija Susej.
Jesús era padre, músico y compositor.
Después de poner su firma en el acta de su mesa, el régimen derribó la puerta de su casa, lo secuestró y lo torturó.
Tenía diábetes severa, y las heridas producto de tanto maltrato se le complicaron, se infectaron, aparecieron abscesos y así permaneció en los calabozos, meses, sin atención médica.
Ya hoy, tenía necrosis en ambas piernas.
¿Cuántas veces su madre rogó que no lo abandonaran? Y la respuesta del régimen fue dejarlo morir.
Cuando llegó a la clínica, lo médicos decidieron amputar sus dos piernas, y murió en el procedimiento. Jesús también sufría del corazón.
Ejercer un derecho ciudadano en Venezuela, es una sentencia de muerte.
Maduro lo mató lentamente.
Jesús solo defendió la voluntad de los venezolanos de acabar con esta tiranía, y pagó el precio más alto.
Una prueba más del desalmado terrorismo de estado en Venezuela.
Maduro, Diosdado, persiguen y castigan la verdad.
El mundo tiene que repudiar el tercer asesinato bajo custodia del estado desde el 28 de julio, no en un nuevo comunicado sino con la firmeza que merecen estas atrocidades.
Esta muerte no ocurrió porque Jesús estuviera enfermo, ocurrió porque el régimen lo torturó de forma silenciosa por meses, y lo castigó por querer una Venezuela en democracia.
Todos son responsables: el custodio de Jesús, el director del penal, el fiscal del caso, el Defensor público que le asignó el régimen, el juez quien dio la orden de detenerlo y quien negó la orden para salvarlo, y por supuesto, los jefes de todos ellos en la fiscalía, el TSJ y en Miraflores.
Maduro comete los crimines y asesina rápido, pero la justicia internacional es lenta, y por eso, también son corresponsables.
¡BASTA!
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Edmundo González ha denunciado que fue víctima de chantajes y coacciones en la residencia del Embajador de España en Caracas.
En su histeria criminal, la propia dictadura ha difundido las pruebas del delito.
El Gobierno de España debe aclarar YA:
—¿Por qué permitió que el presidente electo de Venezuela fuera coaccionado en su Embajada?
—¿Por qué dio autorización para entrar en la Embajada a dos notorios criminales y torturadores, ella sancionada por la UE?
—¿Por qué no hizo como el Gobierno de los Países Bajos?
— ¿Por qué permitió que se hicieran fotos y vídeos con el evidente ánimo de extorsionar al presidente electo?
—¿Por qué no ha denunciado las coacciones?
—¿Por qué las ha ocultado?
—¿Qué hacía el Embajador español convertido en notario de la extorsión de un presidente electo?
—¿Y qué papel ha jugado el ex presidente Zapatero?
—¿Ha vuelto a traficar con el sufrimiento de un rehén de Maduro, su especialidad desde hace años?
—¿Qué tratos y conversaciones ha mantenido con el ministro Albares en torno al destierro de González?
—¿Y ambos con los criminales hermanos Rodríguez?
Una Embajada española no puede ser el escenario de una extorsión; no puede servir de sala de operaciones del hampa.
Albares está en una posición moral y políticamente insostenible.
Debe hacer dos cosas. Repetir con los demócratas: «Venezuela es una dictadura». Y presentar su dimisión.
Hasta el final.