Durante mucho tiempo creí que hablarlo todo era la solución, que la comunicación podía arreglarlo todo; pero entendí que no sirve decir mil palabras si del otro lado no hay voluntad de comprender; puedes explicarte una y otra vez y, aun asi, quedarte en el mismo caos; porque cuando alguien no quiere entender, ninguna conversacion alcanza.
La que cuida también necesita que la cuiden. La que da sorpresas también necesita recibirlas. La que piensa en todo el mundo también necesita que piensen en ella.
Soy el tipo de mujer que atraviesa sus días más difíciles en silencio. No me quejo mucho, no siempre pido ayuda y rara vez me desahogo. Cargo con mi propio peso y siempre voy por la vida con la mentalidad de “yo veré cómo lo resuelvo”