¡Urgente! Replicar.
Santuario de flora y fauna de #Igüaque en alto riesgo por incendio de #VilladeLeyva. A esta hora voluntarios, @bomberostunja@DefensaCivilCo trabajan. Evitan avance de las llamas. El incendio aún no está controlado. Apoyo a 1era hora con helicóptero @VLADDO
Cuando Petro llegó al poder el galón de gasolina estaba en $9.200.
En 4 años Petro subió el galón hasta $15.848 con la promesa de acabar con el déficit del Fondo de Estabilización de Precios del combustible.
Ayer se descubrió que aunque Petro subió la gasolina de forma histórica, dejó un déficit de casi 10 billones de pesos para 2026 y que déficit total del fondo fue 14 billones más alto que el de Duque.
¿Dónde está la plata?
El mejor! @NairoQuinCo cierra su faceta competitiva sobre la bicicleta, muchas gracias por despertarnos tantos sentimientos . Inolvidable ! Gracias a @Telefonica gracias a @Movistar_Team por estos años .
Siéntese para educarlo @sergio_fajardo porque aunque los dos somos doctores y educadores, su área de experticia son las matemáticas y la mía la de las habilidades blandas y sociales, así que en este caso tengo más autoridad moral que usted para corregirlo:
Lo que usted está haciendo en docencia lo llamamos falacia de falsa equivalencia, una herramienta discursiva que usan los “estafadores” para influir en el público, la falacia de la falsa equivalencia presenta dos cosas como iguales o equivalentes cuando, en realidad, no lo son, ignorando sus diferencias cruciales de naturaleza, magnitud o contexto, y se usa para manipular personas.
La valentía no es presentarse cada 4 años a una contienda electoral para ganarse millones de pesos en reposición de votos, vivir con esa plata como millonario yendo a visitar lugares exóticos con avistamiento de ballenas y repetir el ciclo. Valentina y carácter hubiera sido no aceptar ese dinero demostrándole a la gente que su verdadero interés es el pueblo colombiano y no la plata.
Por otro lado la decencia y el carácter no son iguales. La decencia se refiere al comportamiento exterior, a cómo una persona actúa de manera correcta según normas sociales y morales básicas; mientras que el carácter es más profundo, es el conjunto de rasgos internos que definen cómo actúa una persona incluso cuando nadie la está observando.
Que usted sea decente, es lo mínimo que debería tener como persona perteneciente a una sociedad y mas como profesor, pero eso no quiere decir que usted sea un hombre con carácter.
El carácter es esencial en la política, más para un presidente de un país como Colombia, porque para enfrentar la delincuencia el carácter permite que un líder mantenga firmeza moral incluso cuando la presión es enorme. Las organizaciones criminales, las redes de corrupción, las guerrillas y narcotraficantes siempre intentan influir, intimidar o comprar voluntades; sin carácter, cualquier estrategia de seguridad se derrumba. Lo que usted nos dice con ese vídeo es que si llega a ser presidente y en su mandato hay un atentado terrorista donde mueran colombianos, su repuesta “valiente” hacia el ELN o LAS FARC, sería quedarse callando porque así demuestra más valentía que atacarlos y bombardearlos.
¿Ve lo ilógico de su falacia de falsa equivalencia? ¿ve como es de fácil desbaratarle su discurso barato cuando quien lo escucha es una persona inteligente como yo?
Pero al final lo bonito de todo esto es poder llegar a la conclusión de que usted resulta ser una persona sin valentía, sin carácter y sin decencia. Ya le expliqué en el texto porque no es ni valiente, ni con carácter, pero al ver que usted de manera intencional usa una falacia de falsa equivalencia para engañar personas al igual que lo hace @petrogustavo mintiéndole a la gente más boba y vulnerable; y teniendo en cuenta que ya expliqué que la decencia se refiere al comportamiento, a cómo una persona actúa de manera correcta según normas sociales y morales, entonces es fácil ver que usted no tiene tampoco ni un ápice de decencia.
Usted no es diferente a Petro, solo es más solapado que el.
Esto es Gravísimo 🇨🇴
Colombia tiene que saber que las FARC financiaron a Gustavo Petro y el enlace fue Francia Márquez según las conversaciones que reveló la unidad investigativa de Noticias Caracol
40 segundos que causan estupor
La justicia, siempre imparcial, clara y transparente. Basada en pruebas, lejos de sesgos políticos.
Me alegra la decisión del Tribunal Superior de Bogotá de absolver al expresidente @alvarouribevel, un hombre que ha trabajado incansablemente por el país y que siempre, sin falla, estuvo listo para responder a la justicia.
La justicia funciona y este es un buen precedente para Colombia.
No lo vencieron. Lo absolvieron.
Por Carolina Restrepo Cañavera
Lo sabíamos. Pero duele igual.
Ningún colombiano debería pasar por lo que Álvaro Uribe Vélez ha vivido por defender a su país. Ninguno. Ni siquiera el más fuerte. Ni siquiera él.
Hoy el tribunal lo absuelve. Pero Colombia aún no. Porque una absolución jurídica no repara los años de ignominia, el linchamiento moral, el escarnio sin límites ni la fractura que intentaron sembrar en el alma nacional. La absolución sana el expediente. No el alma.
El juicio contra Álvaro Uribe no fue solo un proceso penal. Fue el símbolo de una nación que se dejó secuestrar por el odio, por la sed de venganza, por el fanatismo ideológico que convirtió la justicia en arma, la mentira en estrategia y la traición en mérito. Fue el intento de borrar una historia incómoda para algunos: la historia de un hombre que enfrentó a los violentos, que se la jugó por Colombia, que cometió errores, sí, pero que jamás dejó de poner la cara y el pecho.
Intentaron condenarlo no por lo que hizo, sino por lo que representa: autoridad sin complejos, patriotismo sin vergüenza, disciplina sin cálculo. Lo atacaron porque no se arrodilló. Porque no se vendió. Porque no se fue.
Y aun así, aquí está.
Absuelto.
Con la frente en alto.
Con el país en el corazón.
Más grande que antes. Más libre que nunca.
Hoy no es solo un triunfo de Álvaro Uribe. Es un triunfo de la verdad, de la justicia, esa que a veces tarda, pero cuando llega, estremece y de millones de colombianos que resistimos callados, firmes, dignos. Que no nos tragamos el relato del verdugo disfrazado de víctima. Que supimos ver más allá del show mediático y del activismo de toga. Que no cambiamos convicciones por aplausos.
Hoy, Colombia le debe una disculpa. Y no se trata solo de Álvaro Uribe. Se trata del país que somos. De si vamos a permitir que se persiga a quien piensa distinto. De si vamos a premiar al traidor y castigar al leal. De si vamos a seguir jugando a la ruleta rusa institucional, donde cualquiera puede ser el próximo.
La historia ya eligió. Y la absolución no es un punto final. Es el inicio de una reparación simbólica que no puede quedarse en el fallo. Es momento de reconciliar a Colombia con su memoria. De dejar de temerle a las palabras “honor”, “autoridad”, “orden”, “patria”. Es hora de decir, sin complejos: gracias, presidente Uribe.
Gracias por no huir.
Gracias por no vender su alma.
Gracias por demostrar que la verdad no necesita gritar. Solo resistir.
¿Y ahora qué?
Por supuesto, la contraparte irá a casación. Pero lo que muchos no saben, es que en el proceso de casación no hay pruebas nuevas. No es un nuevo juicio. No es una segunda oportunidad para las mentiras. Es un control técnico, jurídico, riguroso, que evalúa si la sentencia respetó las formas y los principios del derecho.
Y cuando el expediente se vacía de pruebas, solo queda el relato.
Y el relato no condena.
Si el terreno es técnico, en eso también gana Álvaro Uribe Vélez.
Porque si algo ha quedado claro es que esta persecución nunca fue jurídica: fue política, fue narrativa, fue ideológica.
Y en derecho, ya no les queda nada.
Hoy, más que nunca, sabemos que Colombia no está perdida.
Porque siguen existiendo hombres que no se doblan.
Y porque sigue habiendo una patria por defender.
“Me voy más preocupado de lo que llegué.”
La frase con la que @DCoronell cerró su entrevista de dos horas con @petrogustavo resume la impresión que me dejó: la de un presidente que parece encontrar calma en el sonido de su propia voz, que se siente seguro divagando, como si en hablar de todo encontrara refugio ante la realidad que no logra ordenar.
Vi a un presidente que no quiere navegar las aguas turbulentas de una crisis con Estados Unidos, sino encabezar una cruzada moral contra el presidente Trump, movido por una obsesión: trascender, “ser inolvidable”, como él mismo lo ha dicho. Y si para lograrlo hay que poner en riesgo la estabilidad de Colombia, parece un precio que está dispuesto a pagar.
La elocuencia que se enciende para desafiar al mundo se apaga cuando el tema es Nicolás Maduro. El rasero moral cambia. Donde antes había condena, aparece la comprensión. Y hay, además, una suerte de cobardía: la de no ser capaz de decir lo que en el fondo piensa sobre ese régimen.
También vi a un presidente que, contra toda evidencia, está dispuesto a dejar quebrar a Ecopetrol por terquedad ideológica; a vender el activo más valioso de la empresa por pura obstinación. Que no escucha advertencias, ni dato: solo su propia voz.
Y mientras tanto, habló de todo: de Trump, Bolívar, las inversiones de Ecopetrol en el Permian, Andrea Bocelli, Greta Thunberg, Karol G, Pegasus, la Junta de Dubái del narcotráfico, la belleza “desde el punto de las culturas”, la relación entre las bombas y los genitales, la ONU, la medición de cultivos ilícitos, el TLC con Estados Unidos, Einstein, Hannah Arendt, la misoginia y el capitalismo global. Hasta le quedó tiempo para criticar a la dirigente opositora venezolana y premio Nobel de paz, María Corina Machado. No le tembló la voz para llamar “despreciable” a una mujer que se ha enfrentado con valentía a una dictadura que ha destruido a su país.
Por eso entiendo a Coronell. Porque vi a un presidente sin centro. Un hombre que parece cómodo en el caos, cuando el país no puede darse ese lujo.
Y sí, me fui más preocupado de lo que llegué porque entre tanto discurso y tanta palabra, lo que falta, cada vez más, es gobierno.
Lo siguen atacando porque sigue de pie
Por Carolina Restrepo Cañavera
¿Cómo es de poquito un proyecto político que necesita, en cada campaña, sacar algo contra Álvaro Uribe Vélez?
¿No les basta con tener el poder? ¿No les basta con gobernar mal? ¿Tienen que intentar, una y otra vez, acabar con quien representa lo que jamás han logrado construir?
Insisten. Siempre insisten.
Uribe les duele. Porque Uribe no se rinde.
Porque Uribe no negocia sus convicciones para caerle bien a nadie.
Porque Uribe, aún sin estar en el poder, sigue siendo el punto de referencia para millones de colombianos que no quieren un país arrodillado, ni al narcotráfico ni a la miseria programada.
Lo siguen atacando porque no pueden superarlo.
Porque su figura les recuerda lo que no tienen:
el coraje de decir que la seguridad importa,
la disciplina para gobernar con austeridad,
la claridad de saber que el trabajo dignifica y el asistencialismo perpetúa la pobreza.
Lo necesitan como antagonista, porque sin él se quedan sin libreto.
Y eso dice más de ellos que de él.
¿Quién puede negar lo que fue capaz de hacer?
¿Quién puede borrar que recibió un país quebrado, secuestrado, humillado, y lo devolvió al camino institucional?
¿Quién puede mirar a los ojos a las víctimas de las FARC y decirles que sin Uribe estarían mejor?
¿Quién puede negar que mientras unos se escondían tras discursos vacíos, él ponía el cuerpo, la voz y la vida por Colombia?
Hoy lo quieren juzgar por lo que no hizo, porque no pueden perdonarle lo que sí hizo:
— Devolverle al Estado el control de su territorio.
— Recuperar la confianza de los empresarios.
— Defender la libertad como principio, no como adorno.
— Levantar a Colombia con esfuerzo, no con excusas.
Lo persiguen, lo caricaturizan, lo quieren enlodar…
Pero ahí sigue.
Con dignidad.
Con firmeza.
Con una fuerza que no proviene de los votos, sino del deber cumplido.
Y por eso lo temen.
Porque saben que, aunque lo condenen en sus montajes, en el alma del país sigue siendo un símbolo.
Y los símbolos, cuando son verdaderos, no mueren.
Uribe representa algo que esta generación política no entiende:
La idea de patria.
La noción de autoridad legítima.
El amor sin cálculo por Colombia.
Pueden hacerle mil juicios.
Pueden reciclar expedientes cada cuatro años.
Pueden levantar campañas enteras sobre su nombre.
Pero no podrán arrancarlo del corazón de quienes saben lo que él dio.
Ni del alma de una Colombia que, cuando estuvo a punto de perderse, encontró en él un faro.
Por eso, cuando lo atacan, en realidad están confesando su propia pequeñez.
Porque si lo único que tienen para ofrecer es odio hacia Uribe, es porque no tienen país que ofrecer.
Y Colombia, con sus dolores y desafíos, ya está cansada de políticos que no saben inspirar nada distinto al resentimiento.
Colombia necesita grandeza.
Y ellos solo tienen obsesiones.
Colombia necesita propuestas.
Y ellos solo tienen persecuciones.
Colombia necesita esperanza.
Y ellos solo saben fabricar enemigos.
Lo siguen atacando porque sigue de pie.
Y sigue de pie porque representa algo más grande que él mismo:
la posibilidad de un país con rumbo.
The AeroAstro alumnus, who participated in Air Force ROTC and the Gordon Engineering Leadership Program at MIT, is a test pilot and one of 10 new astronaut candidates selected from around the nation. https://t.co/FKtTtDlDr8
El miedo que nos carcome
Por: Carolina Restrepo Cañavera
Nosotros, como sociedad civil, estamos enfrentándonos a algo más grave de lo que muchos quieren aceptar: el miedo se nos volvió rutina. Pero no el miedo a ser víctimas, ese lo tenemos incorporado desde hace años. Hoy es otro: el miedo a que alguien haga lo correcto.
En Colombia se ha vuelto peligroso ejercer la autoridad. Peligroso cumplir la ley. Peligroso decir “eso no se puede”. Peligroso poner límites. ¿En qué momento terminamos así?
Hace unos días, en una estación de TransMilenio, un grupo de policías intentó impedir que un grupo de personas se colara. No estaban disparando, no estaban maltratando, no estaban reprimiendo. Estaban cumpliendo su deber: impedir un acto ilegal. ¿Y qué recibieron a cambio? Un cuchillo. Sí, un cuchillo. A los uniformados que intentaron cumplir la ley.
Y, entonces, ¿qué hicimos como sociedad? Algunos grabaron. Otros justificaron. Varios miraron para otro lado. Porque nos enseñaron que señalar lo ilegal es “clasista”, que impedir el abuso es “represivo”, que defender el orden es “de derecha”. Qué tragedia.
Hoy, en Colombia, nos da miedo la autoridad, no porque sea abusiva, sino porque nos enseñaron a odiarla. Nos da miedo que alguien frene al infractor. Nos da miedo poner un tatequieto. Nos da miedo exigir civismo. Porque hacerlo es ponernos en la mira de quienes confunden libertad con desorden y derecho con impunidad.
Pero una sociedad que le tiene miedo a la legalidad está condenada al desgobierno. Si cada vez que alguien cumple su función lo exponemos, lo rodeamos, lo acusamos o lo apuñalamos, entonces ¿quién se atreverá a protegernos mañana?
No es el TransMilenio. No es el policía. No es el cuchillo. Es Colombia. Es el miedo que nos carcome cuando dejamos solos a quienes hacen lo correcto. Es el silencio de los buenos. Y ese silencio también mata.
Urgente 🇨🇴
Los partidos Centro Democrático y Cambio Radical confirmaron en las últimas horas la decisión de sellar una coalición con miras a las elecciones presidenciales de 2026. El anuncio, que marca un nuevo capítulo en la política colombiana, se oficializará en la cumbre opositora programada para el 15 de octubre en Bogotá, donde ambos sectores definirán los lineamientos estratégicos de la alianza
Vía @TotusNoticias
Les recomiendo este portal !
Petro, el chafarote
Por: Carolina Restrepo Cañavera
Hay personas que, cuando no pueden brillar por la inteligencia, intentan destacarse por el estruendo. Gustavo Petro es uno de ellos.
Un chafarote, en el sentido más exacto del término: no solo por lo grotesco, lo escandaloso y lo innecesariamente ruidoso, sino porque se siente grande solo cuando es vulgar. Solo ahí parece encontrar poder: en el doble sentido ramplón, en la burla sin clase, en el guiño de esquina, en la palabra gruesa que simula profundidad.
Lo triste no es solo verlo así, degradado en público, sin filtro ni pudor, sino ver a otros aplaudirlo. Como si esa chabacanería fuera ingenio. Como si la grosería fuera rebeldía. Como si el resentimiento fuera criterio.
Todo lo que no entiende, lo degrada. Todo lo que lo supera, lo ridiculiza. Todo lo que exige rigor, lo aburre. Petro es la reacción rabiosa de alguien que nunca se sintió suficiente, y que ahora intenta vengarse del país que no lo ovacionó a tiempo.
Decía Luis Gidal que si el corazón estuviera en la cabeza y el cerebro en el pecho, pensaríamos con amor y amaríamos con sabiduría. Pero Petro invirtió esa frase aún más: él piensa con las vísceras y ama con el odio. No hay belleza en lo que admira, ni altura en lo que propone. Solo acomplejamiento disfrazado de ruptura. Solo burla, solo ruido.
Lo trágico es que un país necesitado de ideas haya terminado seducido por el estruendo.
Porque hay épocas en que la inteligencia calla, y es entonces cuando el chafarote se siente rey.
Médico de la Universidad Islámica de Gaza:
"Advertimos a los hombres que cuando golpean a sus esposas no rompan huesos ni dañen órganos vitales.
Golpear a la esposa debería ser un acto terapéutico, no vengativo."
Urgenteeee 🇨🇴
Máxima Difusión
Darcy Quinn trae una verdadera primicia y revelación que cambia por completo el ajedrez de las próximas elecciones en Colombia
A la consulta interpartidista de Marzo del Partido Liberal, Conservador, La U, Fuerza de las Regiones, Cambio Radical, se confirma que Álvaro Uribe Vélez también se suma con el Centro Democrático y que se espera saber que acción tomarán Vicky Dávila, Abelardo de La Espriella y Sergio Fajardo de si van o no van
Lo mejor del secreto al final
Urgente 🇨🇴
Máxima Difusión 🔁
El Periodista Santiago Ángel @santiagoangelp acaba de revelar en la FM con información de un medio de comunicación ecuatoriano que el hermano de Gustavo Petro el señor Juan Fernando Petro presuntamente habría intentado cobrar un millón de dólares para tramitar un asilo político a un implicado en el Magnicidio de Fernando Villavicencio en el Ecuador
Gravísimo
Que belleza de familia los Petro