Hay gente que por ambición o conveniencia termina dándole la espalda a quien nunca se la dio.
Y podrán llamarlo progreso, madurez o “seguir adelante”.
Pero no nos engañemos.
Eso siempre ha tenido el mismo nombre: ingratitud.
A veces la gente no habla de ti, habla de lo que ellos mismos están viviendo. Te lanzan frases disfrazadas, pero en realidad están describiendo su propio corazón.
El amor y el odio no siempre se oponen; a veces son extremos del mismo hilo. Cuando algo nos importa demasiado, cualquier giro puede convertirse en fuego, no por maldad, sino por la fuerza misma del vínculo.