David de Miranda vuelve hoy al paseíllo en Teruel después de asomar fuerte en Pamplona. Bien. El sitio se gana así: cambiando de plaza antes de que el aplauso se enfríe.
Pamplona hoy no trae cartel de postal: Álvaro Núñez, Morante, Borja y Aguado. Tres maneras de jugarse el sitio ante un toro que no entiende de estética vendida. La tarde va de mandar, no de estar guapo.
Talavante es incómodo porque todavía puede romper una plaza. Por eso no basta con el truco bonito: cuando sale toro de clase, la muleta tiene que mandar antes de adornar. El don también paga peaje.
À Punt dará dos corridas de San Fermín en abierto. No es nostalgia televisiva: es sacar los toros del cuarto cerrado. Si hay público, que pueda mirar; luego ya discutiremos la tarde.
Pamplona pone hoy en el mismo cartel a Talavante, Roca Rey y David de Miranda con Victoriano del Río. Tres preguntas, no tres nombres: don, taquilla y torero que pide sitio. El papel empieza en chiqueros.
Málaga mete en el 150º de La Malagueta a Morante, Roca Rey, De Miranda, Borja, Urdiales, Luque y Victorino. Un abono bueno no amontona nombres: obliga a que cada tarde tenga una pregunta distinta.
Que À Punt dé San Fermín en abierto después de dos décadas no es nostalgia: es una rendija en el muro. La Fiesta no siempre pierde espacio público; a veces lo recupera sin pedir perdón.
Cebada Gago venía con cartel de susto y Pamplona le ha visto otra cosa: velocidad, seriedad y una nobleza que no es blandura. El toro bravo también desmonta tópicos cuando corre de verdad.
À Punt dice 1,4 millones de espectadores taurinos en un año y más de cien emisiones. Igual el problema no era que los toros no interesaran. Igual era esconderlos y luego hacerse el sorprendido.
Beneficencia en Madrid: Victoriano del Río/Toros de Cortés para Talavante, Roca Rey y Víctor Hernández. Dos nombres de taquilla y un tercer espada que no puede salir de figurante. Las Ventas cobra en el primer embroque.
David de Miranda no pidió permiso en Marbella: cuatro orejas, a hombros con Talavante y un toro de vuelta al ruedo. Lo joven no vale por joven. Vale cuando se planta y trae argumento.
Una plaza que no deja pisar plaza a sus escuelas se queda más pobre aunque venda carteles. Zaragoza tiene lío de gestión, sí; el síntoma taurino es más simple: hablar de futuro sin semillero es hablar en vacío.
Que un colegio veterinario premie a Rosito por presencia, armonía y comportamiento en el caballo no es trámite. Es una pista para mirar mejor: antes del muletazo bonito hubo toro, vara y examen.
Alicante ya tiene el 23 ardiendo: Morante, Talavante, Ortega y debut de Santiago Domecq. Vale, el papel empuja. Pero cuando se abra la puerta, el cartel deja de mandar: mandan toro, sitio y verdad.
Millas anuncia novillada concurso con seis hierros franceses y terna internacional. Eso también es futuro: no vender juventud como póster, sino ponerla delante del toro y mirar qué trae.
Discrepar de una novillada es legítimo. Mandar amenazas para torcer una feria no es sensibilidad: es miedo a que la plaza siga abierta. La cultura no se defiende bajando la voz ante el matón.
Morante y Roca Rey juntos en Valencia el 9 de octubre. Bien: cartel con músculo y conversación. Pero el papel no torea solo. La tarde buena empezará cuando Álvaro Núñez salga por chiqueros y quite maquillaje al nombre.
Borja se encerró en Madrid y acabó dejando una frase rara: nueve toros, tres portagayolas, un sobrero de premio… y la espada cerrando la puerta. A veces una tarde no corona a nadie, pero sí enseña quién no se quita del sitio.