Amar es sostener la pregunta.
No “resolver” al otro, no cerrarlo con respuestas.
Sostener la pregunta es aceptar que el amor no es un saber, sino un modo de estar sin captura.
Dejar al otro existir fuera de mi fantasía, porque cuando el amor se vuelve certeza, suele volverse también control.“Ya sé quién eres”, “ya sé qué te pasa”, “ya sé qué necesitas”. Ahí el otro deja de ser otro para convertirse en una idea.
El lazo se hace con lo que no encaja, con lo que no coincide, con lo que no se domina. Para que el otro no quede reducido a mi miedo, a mi ideal o a mi herida.
Borges dio en el clavo cuando dijo: “La amistad no necesita frecuencia. El amor sí”. Podés no ver a alguien durante mucho tiempo y, cuando te reencontrás, es como si nada hubiera cambiado. Ahí está la magia.