Qué hipócrita la justicia. Adorni se sube a un avión y en 3 semanas saben hasta el color de los calzones. Pero, la tablet de Natacha Jaitt sigue bloqueada.
Hay algo que en Argentina muchos sienten pero pocos dicen sin filtro
La dictadura fue una tragedia real, dolorosa, que dejó heridas profundas en miles de familias. Pero con el paso del tiempo, ese dolor dejó de ser solo memoria para transformarse en una herramienta política.
El kirchnerismo no defendió los derechos humanos, los administró. Se apropió del relato, decidió quién era víctima y quién no, usó el pasado para disciplinar el presente y construir poder.
Convirtieron una causa que debería unirnos en un negocio político, económico y simbólico. Repartieron subsidios y cargos. Hablaron de memoria mientras construían una estructura que vive de esa memoria.
Se construyó una lógica peligrosa:
Si no repetís, sos sospechoso
Si cuestionás, sos enemigo
Si investigás, sos negacionista
Dejaron una sociedad que tiene miedo de discutir, que se autocensura, que siente culpa por opinar distinto.
Recordar no es repetir un discurso armado. Recordar es poder mirar la historia completa, sin dueños, sin intermediarios y sin que nadie te diga qué tenés que pensar.
Los derechos humanos no son de un partido. Son de todos. Y cuando alguien se los apropia, deja de defenderlos y empieza a usarlos.
Porque cuando la memoria tiene dueño
Deja de ser memoria y pasa a ser herramienta de poder.
Y quizás el verdadero acto de memoria hoy sea animarse a decir todo esto. Sin miedo.
Decir esto no es negar el pasado. Es negarse a que lo sigan usando.
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