Es una barbaridad lo que dijo el presidente Lula da Silva. Son medias verdades. Se entiende que lo hace en plena campaña electoral, para ganarse la confianza de los militares y de los sectores más conservadores. Pero lo hace al precio de ningunear la historia y pisotear la memoria de los paraguayos.
Brasil nunca pidió perdón por la invasión y destrucción de Asunción. Nunca reconoció la barbarie ni las acciones poco civilizadas que cometió en el Paraguay tras su victoria en la Guerra de la Triple Alianza.
Lula había prometido la devolución del Cañón Cristiano, promesa que nunca se concretó. Brasilia tampoco devolvió jamás los archivos robados durante el saqueo del Paraguay.
Lo más grave no es solo que Brasil siga actuando como un país imperialista frente a su vecino, al punto de intentar imponer una narrativa ahistórica, sino que el Gobierno del Paraguay permanezca en silencio. Santiago Peña tiene la obligación de defender los intereses del país.
Hay heridas que el tiempo no borra, porque forman parte de la identidad de un pueblo.
La Guerra de la Triple Alianza no fue un simple episodio del pasado. Fue la mayor tragedia de la historia del Paraguay. Costó la vida de una inmensa parte de nuestra población, destruyó el país y dejó una marca imborrable en nuestra memoria colectiva.
Por eso, cuando una autoridad extranjera simplifica ese conflicto o lo presenta desde una sola perspectiva, los paraguayos tenemos el deber moral de alzar la voz. No por rencor. No por resentimiento. Lo hacemos por respeto a quienes dieron su vida, a quienes reconstruyeron la Nación desde las cenizas y a las generaciones que heredamos esa historia.
Defender la verdad histórica no es un acto de confrontación; es un acto de patriotismo. Un pueblo que olvida su pasado termina perdiendo su identidad.
Paraguay es una nación pequeña en territorio, pero inmensa en dignidad. Hemos demostrado una y otra vez que podemos levantarnos de las mayores adversidades con trabajo, sacrificio y amor por nuestra bandera.
La historia merece ser estudiada con profundidad, contada con honestidad y recordada con respeto. Porque la memoria de un pueblo no puede ser reducida a una frase ni reinterpretada sin reconocer toda la complejidad de los hechos.
Hoy, como ayer, el Paraguay merece respeto.
Recuerden, compatriotas:
No importa si es el facho más rancio como Bolsonaro o el progre más buena onda como Lula. El brasileño es, ante todo y principalmente, un imperialista pro genocidio e invasión a nuestro pueblo.
No es poca cosa referirse en tiempos de paz al Paraguay, como a un país netamente agresor, cuando la Guerra de la Triple Alianza respondió a causas geopolíticas profundas, donde Brasil jugó un papel terrible;
Es lamentable que esas declaraciones de Lula respondieron a un fin
quemaron hospitales y iglesias con heridos adentro, quemaron la fundicion de hierro de ybycui, mataron niños, mujeres, saquearon la capital del país, pero ellos se estaban defendiendo, me suena a cierto caso actual en gaza.
Me extraña que Lula no sepa estas cosas:
Al paraguayo le podes discutir muchas cosas, sí sos extranjero.
Pero de lo que nunca podes discutirle es de la Guerra de la Triple Alianza. El paraguayo bebé aprende a decir "mamá" y luego de tomar tití ya dice "muero por mi patria".
El paraguayo sabe hasta cuántos pelos tenía el caballo del conde D'Eu en Piribebuy. Ni los brasileños saben eso.
Hasta el paraguayo más legionario burro lápiz sabe de memoria los apellidos de Saraiva, Elizalde, Mármol, Pereira Leal, Thornton...
No hay manera, Lula. En serio.
Le hubiera pedido que devuelva el cañón cristiano y los archivos robados de Paraguay, pero ahora recordé que tampoco devolvió la casa de playa que recibió como coima en su país.
Y eso que tuvo tiempo de leer historia de su país mientras estuvo preso por corrupción, sí, por corrupción.
Viva España carajo! Castigando a Francia, el país más pedante, petulante, engreído y sobrevalorado del mundo...y nunca mejor fecha para aplastar a estos soretes que el 14 de julio! Viva España carajo!!
El latinoamericano que insulta a los argentinos y paraguayos para sumarse al trencito de los europeos y anglosajones, no es más que un pobre tipo con vocación de colonia; siempre los han despreciado en Europa y el mundo anglosajón, pero ahora tienen la esperanza de que si se suman a putear a otros latinoamericanos, van a ser bien recibidos.
Se ofenden por decirles africanos porque en el fondo reniegan de sus orígenes. Nosotros somos guaraníes, orgullosos y felices llevamos esa insignia como estandarte. Al final, los racistas son aquellos que se ofenden por recordarles su origen.