Hemos normalizado tanto el nivel de estrés diario que, cuando por fin tenemos una tarde tranquila, el cerebro nos convence de que seguramente se nos está olvidando hacer algo urgente. Ya ni siquiera sabemos cómo descansar en paz.
Soy lo suficientemente madura para admitir que a veces soy una persona difícil. Sobrepienso todo, actúo con impulsividad y puedo ser complicada de entender. Soy sensible a otro nivel y necesito paciencia. Pero también sé que mi amor no se compara con el de nadie. Puedo darte el mundo incluso cuando el mío se está desmoronando.