Dejen de culpar a los docentes y háganse cargo de sus hijos. Sáquenles las pantallas y métanlos en deportes. Mírenlos a la cara. Oblíguelos a cenar en familia. Pregúntenles cómo están, qué hicieron, si tienen tarea. Revisen sus cuadernos. Llévenlos al pediatra y al psicólogo.
Labios pequeños, cejas poco definidas, pómulos nada marcados, sonrisa sin carillas ni dientes que parezcan lavados con jabón de platos, sin pestañas postizas, color de pelo natural. Volvamos a lo básico.