Lloré sola, dormí sola, me desahogué sola, me calmé los ataques de ansiedad sola, me sentí sola, me aconsejé sola, comí sola, paso tiempo sola. Nadie vivió mi vida, ni lloró mis lágrimas, entonces nadie tiene derecho a juzgar mi forma de ser.
madurar es volver a conectar con la chica rara de 14 años que llevás dentro, que sabía exactamente quién era antes de que el mundo intentara convencerla de lo contrario