Por favor, léeme.
Tengo 36 años y esclerosis múltiple, llevo muleta por una lesión en el cerebelo (ando atáxica y con inestabilidad) y una órtesis en la pierna porque mi pie no se levanta del suelo (lo arrastro). Dada mi lesión cerebelosa, también tengo afectada la motricidad fina (escribo, pero no se entiende bien lo que escribo).
El INSS ha decidido darme el alta poniendo en la resolución que trabajo de “auxiliar administrativo” (no es cierto, esa no es mi categoría profesional, YO TRABAJO DE PIE Y ANDANDO Y EN SUPERFICIES CON ESCALERAS Y RIESGO DE CAÍDAS A DOBLE ALTURA). Llevé el profesiograma al médico el día que me citaron y no lo quiso ni mirar.
Pido por favor que me ayudéis a dar visibilidad a este Tweet porque me estan jodiendo la vida.
Cómo puedo con mi problema de pie arrastrado ponerme un zapato de seguridad de 650gr?
Cómo puedo, con muleta, ataxia, inestabilidad y fatiga, andar una media de 20.000 pasos al día?
Cómo puedo, con mi grado de discapacidad reconocido y necesidad de tercera persona en el transporte y movilidad reducida, meterme cada día en el metro?
Cómo puedo, con la afección en la coordinación de mi mano derecha, escribir en una hoja o en ordenador en el trabajo?
El INSS pasa la pelota a las empresas, esperando que ellos nos reubiquen, y desgraciando la vida a enfermos con enfermedades graves y degenerativas. No tenéis alma.
Pretendéis que los enfermos se metan en batallas legales de dos años para conseguir en juicio lo que no dais en vía administrativa.
Están los de la izquierda radical, como Bardem, Aita Sánchez-Gijon o Pedro Almodóvar (con un holding inmobiliario con un valor de 50 millones de euros) y después está, Don Antonio. Simplemente, magistral.
Hay una frontera ética que no debería cruzarse nunca: convertir la vulnerabilidad de una persona en material de propaganda. Una mujer hospitalizada, en camisón, físicamente afectada y expuesta en uno de los momentos de mayor fragilidad de su vida no debería convertirse en una pieza de comunicación al servicio de ninguna causa, por legítima que quienes la impulsan consideren esa causa.
El problema no es defender a Maricarmen, denunciar su situación o exigir soluciones políticas. Todo eso forma parte del debate público. El problema aparece cuando la persona deja de ser el centro y pasa a convertirse en instrumento: cuando su enfermedad, su sufrimiento o su imagen íntima funcionan como recurso emocional para movilizar, presionar o mantener viva una campaña.
Y aquí el consentimiento, aun siendo imprescindible, no resuelve por sí solo toda la cuestión ética. Una persona puede autorizar una grabación y seguir encontrándose en una situación de extrema vulnerabilidad. Quien controla la comunicación (organizaciones, partidos, activistas o medios) tiene una responsabilidad adicional: preguntarse no solo «¿podemos publicarlo?», sino «¿debemos hacerlo?». La dignidad no debería medirse únicamente con el criterio de si existe permiso para pulsar “publicar”.
Además, existe un riesgo especialmente preocupante: que cuanto mayor sea el sufrimiento de la protagonista, mayor sea su utilidad comunicativa. Esa lógica es profundamente perversa. Premia la exposición del dolor. Convierte una cama de hospital en escenario político y el deterioro de una persona en argumento.
Defender el derecho a la vivienda no exige mostrar así a nadie. Se pueden publicar documentos, explicar resoluciones judiciales, señalar responsabilidades administrativas, discutir reformas legales, organizar manifestaciones y exigir respuestas públicas sin colocar ante miles de personas la imagen de una mujer enferma para provocar una reacción emocional.
Una causa que dice defender la dignidad de las personas debería empezar precisamente por ahí: protegiendo su dignidad cuando más vulnerables están.
Porque hay algo que debería estar por encima de cualquier relato, movilización o estrategia política: que Maricarmen sea una persona antes que un símbolo. Y cuando se empieza a necesitar su sufrimiento para sostener una campaña, quizá ha llegado el momento de preguntarse si se la está defendiendo o si, sencillamente, se la está utilizando.
Yo lo tengo claro desde el primer día. Y no me cansaré de denunciarlo, porque defender la dignidad de Maricarmen, y de cualquier persona, pasa por tener ética y principios. Y aquí no los veo.
@LaEtxebarria Mientras más respondáis a esta indivídua, más réditos económicos y más visibilidad va a tener. Lo mejor que se puede hacer con ella es ignorarla. El bolsillo es lo que más duele.
El argumento de que como soy canario tengo que tener miedo a los moros…
Miedo le tengo a los ingleses, alemanes, e italianos que compran las casas que los Canarios no se pueden comprar.
Que me fui a la península cuando en Tenerife no hacía falta compartir piso para vivir.
Invasión la de Ceuta, pero no la de los miles y miles de guiris que vienen a comprar casas en el sur de Andalucía y expulsan a los malagueños de su propia ciudad, teniendo que irse fuera porque no pueden permitirse ni alquilar una habitación.
Invasión es cuando eres pobre y morenito. Cuando eres blanco y tienes dinero para venir desde Europa a comprar viviendas para especular, mientras que a las vecinas no les queda más remedio que alquilar un trastero para poder dormir, eso no es invasión, es otra cosa. Teskiyá.
🔴 Un ciberataque de origen ruso ha puesto al descubierto datos personales de cientos de policías nacionales, guardias civiles y militares españoles. Afecta a quienes tenéis telegram. He accedido al documento de 500 folios y voy a trasladarlo a sindicatos y asociaciones profesionales para que puedan solicitar las oportunas medidas de protección ante Interior y Defensa.
Hoy hace 90 años que asesinaron a Blas Infante.
Hoy los herederos sus asesinos gobiernan con el PP en la Junta.
Pero que nadie lo dude, el Pueblo Andaluz merece más y mucho mejor.
Por eso vamos a por todas. Blas Infante es esperanza.
Andalucistas y Antifascistas.
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@PTorrigiano De verdad, qué manera de enredar. Lo importante ahora no son ellos, es controlar esos incendios. Si los políticos se dedicasen a hacer lo que deben en lugar de estar liándola por las redes sociales mejor nos iría.