Si una inteligencia artificial puede producir exactamente el trabajo que le pedimos a un estudiante para demostrar que aprendió, tenemos dos posibilidades.
Prohibirle usarla.
O preguntarnos si ese trabajo realmente demostraba aprendizaje.
La segunda pregunta me parece bastante más incómoda.
Durante mucho tiempo una respuesta correcta, un ensayo bien escrito o un ejercicio resuelto funcionaron como evidencias razonables de que una persona sabía.
Hoy esa relación ya no es tan evidente.
Una IA puede producir una respuesta correcta.
Puede estructurar un argumento.
Puede resumir un texto.
Puede redactar algo impecable.
Entonces el desafío educativo empieza a desplazarse.
¿Cómo sabemos ahora que alguien entendió?
Quizá tengamos que mirar menos el producto final y mucho más lo que una persona puede hacer con él.
¿Puede explicar por qué cree que esa respuesta es cierta?
¿Puede defenderla?
¿Puede encontrar sus límites?
¿Puede reconocer una evidencia que contradiga su posición?
¿Puede cambiar de opinión?
¿Puede tomar una decisión cuando no existe una respuesta inequívocamente correcta?
La inteligencia artificial está obligándonos a revisar algo que, en realidad, deberíamos haber revisado hace tiempo:
qué consideramos evidencia de aprendizaje.
No creo que esta sea una conversación sobre cómo proteger la educación de la IA.
Es una oportunidad para preguntarnos qué parte de educar nunca debió reducirse a producir una respuesta correcta.
"Le puedo firmar sobre piedra o mármol, si es necesario, que no voy a incrementar las tarifas de los impuestos durante mi Gobierno". (Santos Calderón, 2010).
@petrogustavo ofende la memoria y periodismo de a pie q hacía Mateo Pérez cuando afirmó el viernes: “…el joven no fue a buscar oro fue, al parecer, a sacar fotos de paisajes para su periódico…”
Periodistas q vamos a terreno 🇨🇴 como Briceño buscamos darle rostro y nombre a 🧵
El gran líder cósmico está por encima de la ética y la pisotea de forma inmisericorde. Su público de áulicos, pagados y estúpidos le aplauden el espectáculo.
Confieso que me dan ganas de pegarles cuando se acercan a decir: «Ya no sé si seguir con ella (o él) porque ya no siento lo mismo que al principio.» Eso es un vicio del mundo moderno. El amor no son sentimientos bobos, el amor es decisión, voluntad, cultivo.