Un minuto de silencio para todos aquellos que no les gusta el tenis y se perdieron estos partidazos.
Fuimos privilegiados los que vimos estas semifinales de Australia.
Cristiano Ronaldo fue cambiado con la eliminatoria todavía en el aire
Y en lugar de enfadarse y poner mala cara, saludó y animó a cada uno de los integrantes del banquillo
¿Cómo es esto posible si a mí me habían dicho que era un asqueroso egocéntrico?
Cuando Federer dijo adiós, una parte de mi corazón se murió. Hoy, cuando Rafa ha dicho que ya no volverá a Madrid, otra pequeña parte también ha muerto.
Todos nos vimos venir esto, pero creo que, en el fondo, no queríamos creerlo. Nos seguíamos aferrando a ese "probablemente", al que nos agarrábamos como clavo ardiendo. Pensábamos que todavía tenía "un poquito más".
Pero no. Parece ser que es definitivo y dirá adiós en 2024 un Rafa que siempre ha estado ahí. Nos ha enganchado a la tele durante casi dos décadas. Haciéndonos madrugar, trasnochar. Cancelábamos un plan para verle jugar una final un domingo a las tres de la tarde, nos hacía volvernos antes de fiesta para verle jugar en Estados Unidos o dejábamos de estudiar los exámenes de enero para verle en Australia a primera hora.
Todo eso nos lo dio Rafa. Y nos daba las gracias a nosotros antes de irse hoy en Madrid.
No, Rafa. Las gracias tenemos que dártelas nosotros a ti.
Gracias por todos y cada uno de los grandes momentos que nos has dado, que ha sido mucho más de lo que pensamos jamás.
Y es que, al final, la vida se resume solo en eso...
El amor ❤️ Solo eso nos salvará.
Rafa junior, cuando pueda entenderlo todo, se sentirá orgullosísimo de lo que hizo su papá.
📸 @EllaLing23 (FOTÓN)
Cuando lo has logrado prácticamente todo en este deporte, cuando has tocado la gloria con los dedos, cuando has estado en el Olimpo, cuesta mucho aceptar que las cosas ya no pueden ser como antes.
"No existen las despedidas perfectas".
Si nos paramos a recordar, hay muy, muy pocos casos de la despedida perfecta en el mundo del deporte. Más concretamente, en el tenis. Quizá el caso de Sampras, en cuyo último partido ganó el US Open. Poco más.
Recuerdo el caso de Federer. Su amor y su pasión por el tenis le seguían empujando a intentarlo una vez más. A pasar por el quirófano y dedicarle meses y meses al gimnasio esperando regresar. Lo intentó varias veces, hasta que descubrió que su rodilla ya no podía aguantar partidos al mejor de 5 Grand Slams. Desde que lo intentara hasta que decidió dar el paso al costado, pasaron casi dos años.
No debe ser nada sencillo para Rafa, tampoco. Su cabeza y su corazón quieren. Su cuerpo, sencillamente, no le deja. En su interior, sigue albergando un mínimo de esperanza que le permita alargar un poco más el sueño, pero la realidad golpea tan fuerte que llega incluso a doler.
Hoy, en la rueda de prensa de Madrid, le vi algo distinto en su gesto. Como si hubiera aceptado la situación. En sus ojos podía verse lo que le costaba decir lo que su boca transmitía. Y es que, hay un momento donde aceptas tu destino y dejas de luchar. En parte, también, por el cansancio acumulado y las cicatrices que ha dejado esa lucha.
Aunque estoy convencido de que en el fondo, fondo, fondo, Rafa todavía alberga un último milagro, creo que ha interiorizado la situación y ha terminado por abrazar su destino, aunque este haya llegado antes de lo que él hubiera deseado.
Él siempre dijo que no se veía jugando más allá de los 32. Aquí sigue, y va a cumplir 38. Es para sentirse orgulloso de todo lo logrado, que no es poco. Estará ahí arriba, reconocido como uno de los mejores que jamás agarró una raqueta. Y aunque pasen 200 años y ninguno de los que estamos leyendo estas líneas ahora estemos ya aquí, en ese mundo que nos quede se seguirá recordando la figura de un tal Rafael Nadal que hizo historia en las dos primeras décadas del 2000.
No dejen de aplaudirle cada punto, cada juego o cada set que juegue hasta que diga adiós. Porque Rafa se lo merece y porque un día, cuando ya no esté, créanme, se le echará mucho de menos.