En lo único que puedo confiar al 100% es en el tiempo.
Es la sentencia que siempre se cumple.
El remedio que cura.
Quién tarde o temprano pone cada pieza donde corresponde.
Hay quien un día llega a tu vida y nunca se va pero también existen personas que juras que estarán siempre y no las vuelves a ver. Cuida y atesora a los que se quedan y despide con alegría y gratitud a los que se van por las lecciones que te dejan.
Hace poco me sentí melancólico y regresé. Ya sin ninguna pretención, solo el gusto de regresar a un lugar donde había sido tan feliz. Entendí que mi misión quizá no sea someterlas sino admirarlas y que talvez con el tiempo ellas mismas, por si solas, dancen al compás de mi mano.
Ya nada fue lo mismo. Intenté forzar aquellas primeras ocasiones donde podía estar horas admirando la destreza con la que construían mundos oníricos que me dejaban sin aliento, pero la distracción ganaba, el sueño vencía y el letargo gobernaba.