Te levantas con la violación de otro moro a una niña de 14 años
Pasas la mañana una noticia de tiroteos entre bandas latinas
Por la tarde ves el vídeo de un negro que asesina a una blanca por ser blanca
Por la noche disparan a un militante de derechas en EEUU
Hartazgo.
El asesinato de Iryna Zarutska, refugiada ucraniana apuñalada en un tren de Carolina del Norte, es el retrato perfecto de la hipocresía mediática y política. Grabada por cámaras, con pasajeros mirando sin hacer nada, y un verdugo con antecedentes detenido en minutos. Un crimen brutal que debería haber incendiado las conciencias. Pero no: no hay manifestaciones masivas, ni rodillas en tierra, ni hashtags virales. Contrástese con George Floyd: asfixiado por un policía blanco, su muerte activó la maquinaria global del Black Lives Matter, financiada, amplificada y convertida en dogma cultural. ¿Por qué? Porque encajaba en el relato del racismo sistémico, útil para dividir y controlar. Zarutska no encaja: es mujer, blanca, europea, y su sangre no rinde beneficios ideológicos. De ahí que White Lives Matter no exista como causa legítima, sino como coartada de extremistas. La verdad incómoda es que unas muertes son convertidas en banderas y otras en olvido, no por justicia, sino por rentabilidad política. A Iryna la mataron dos veces: primero el cuchillo, luego la indiferencia calculada de un sistema que selecciona qué vidas importan y cuáles se archivan en silencio.
🇪🇪 Estonie | Nos soldats 🇫🇷 s’entraînent dur : combat urbain, manœuvres tactiques, tirs réels.
Prêts à agir, piliers de la défense alliée et de la sécurité collective.💥⚔️
#GIGN | Joyeux anniversaire au GIGN qui fête ses 50 ans aujourd’hui !🎂Reprise de vive force, contre-terrorisme maritime… À bord de nos bâtiments, on s’entraîne ensemble, on opère ensemble 🤝