El señor de los helados tenía una fama muy curiosa: nunca llegaba puntual… porque siempre algo le pasaba.
Un día se le ponchó la llanta. Otro día se le derritieron los helados. Y ese día… apareció el culpable oficial: un gatito chiquito que no dejaba de seguirlo maullando.
—“Helados!!! Helados!!!”— gritaba el gato como si fuera el verdadero vendedor.
La gente salía, pero no por el señor… por el gato.
Al principio, al señor le molestó.
—“Ya déjame trabajar, chamaco peludo…”
Pero se dio cuenta de algo: ese día vendió TODO.
Al siguiente día, el gato volvió.
Y al siguiente…
Y al siguiente…
Sin darse cuenta, ya no trabajaba solo.
El señor empezó a esperar ese maullido.
El gato se subía al carrito, anunciaba, corría, llamaba la atención… y juntos hacían el mejor equipo del barrio.
Un día, el señor, mientras contaba sus monedas, sonrió:
—“Mira nomás… pensé que eras un problema… y resultaste ser mi socio.”
El gatito respondió como siempre:
—“¡Helados!!!”
Y desde entonces, no solo vendían helados…
vendían sonrisas en cada calle.
@MetroCDMX Es increíble que TODAS las escaleras del Paradero Indios Verdes lleven más de 1 año en reparación. Se ha denunciado desde el año pasado y sigue sin resolverse. Las PcDiscapacidad pagan las consecuencias. inaceptable no garantizar la movilidad para todas las personas