Cuando haya terminado la tempestad, fíjate quien sigue a tu lado, quien preguntó cómo estabas o si necesitabas algo, revisa bien el teléfono para dejar claro quien llamó o escribió y quien no. Esos que dijeron que estarían contigo en las malas y lo cumplieron. Quédate con esas personas.
Irte no debe ser una derrota, puede ser la victoria de no derramar más sangre que la que brotará de un «pudo haber sido». No lo fue, no lo es, pero lo intenté; guardaré mis vestigios hasta la siguiente batalla en la que encontraré con quién hacer la paz y no la guerra.
Existen oportunidades que solo vendrán una vez en tu vida y que son únicas y exclusivas para ti. No las dejes pasar, peléalas aunque te mueras de miedo. La felicidad no perdona la cobardía. Cambia de actitud ya, deja de aplazar antes de que lo inevitable se estrelle en la cara.