El rencor es un cuarto lleno de clavos.
Nunca confundas perdonar con rendirte. Nunca creas que perdonar te hace débil, ingenuo o pequeño. No te engañes: lo verdaderamente frágil es no poder soltar.
Perdonar no te rebaja, te eleva. No te hace menos, te hace libre.
Perdonar es un arte de gigantes, un lujo de los que ya entendieron la vida.
Quien sabe perdonar siempre va un paso adelante… en paz, en dignidad y en grandeza.