Te mentí, si me duele, si lloro, si es difícil, si me afecta, si me hace sentir mal, si me hace sobrepensar, si soy sensible, si me rompe el alma, si se me hace chiquito el corazón.
Señor, no soy una dama de compañía. Soy una mujer, soy licenciada, soy empresaria, soy esposa y soy madre.
No le permito que me hable así a mí, ni a ninguna otra mujer. No somos accesorios, ni objetos, ni puede faltarnos al respeto, y menos de esa forma tan vulgar.