“Creía que lo había analizado todo exactamente, sin olvidar nada; creía conocer bien el fondo de mi corazón. Pero nuestra inteligencia, por lúcida que sea, no puede percibir los elementos que la componen y permanecen ignorados, en un estado volátil, hasta que un fenómeno capaz de aislarlos les imprime un principio de solidificación. Me había equivocado creyendo ver claro en mi corazón. Pero este conocimiento, que las más finas percepciones de la inteligencia no habían sabido darme, me lo acababa de traer, duro, deslumbrante, extraño, como una sal cristalizada, la brusca reacción del dolor”.
🦆⚽ La popularidad de Merlín, la mascota del Mundial 2026, ya tiene consecuencias fuera de las canchas. En mercados de la CDMX, especialmente en el Mercado de Sonora, aumentó la venta de patos Pekín promocionados como “el pato del Mundial”, con precios de entre 30 y 50 pesos.
Especialistas advierten que esta tendencia podría derivar en abandono animal, comercio informal y tráfico de ejemplares, pues muchas compras responden a una moda pasajera. Además, señalan un vacío legal: los patos no son reconocidos plenamente como animales de compañía y quedan fuera de la competencia de Profepa, mientras otras normas los consideran animales de producción para carne o huevo. Académicos también alertan sobre los riesgos de adquirir animales sin certificación de origen.
@pitiklinov buena reflexión, gracias por compartir, tal vez, hay que graduar las enfermedades mentales, las incorporadas recientemente como suaves y las otras, más graves, como de atención urgente.
“Mi argumento fundamental es que los conceptos de enfermedad mental se han expandido de formas que pueden estar empeorando nuestra salud mental.”
Nick Haslam argumenta aquí que una parte importante del aumento en las quejas y diagnósticos de salud mental no se debe solo a que la gente esté peor, sino a que hemos ampliado mucho los conceptos de lo que significa tener un problema de salud mental.
Conceptos como ansiedad, trauma, depresión o trastorno se usan ahora para describir una gama mucho más amplia de experiencias. Antes se reservaban para casos más graves o específicos, pero con el tiempo han bajado el umbral y se aplican a situaciones más leves o cotidianas. Este fenómeno Haslam lo ha llamado “concept creep” o expansión de concepto y se debe principalmente a dos cosas. Por un lado, a una mayor sensibilidad cultural hacia cualquier tipo de daño o sufrimiento. Por otro, a la creciente influencia de la industria de la salud mental que difunde estos términos en escuelas, redes sociales y medios.
Como consecuencia, más personas interpretan su malestar normal como una enfermedad. Esto lleva a autodiagnósticos, adopción de identidades diagnósticas y un aumento en la búsqueda de tratamientos. Aunque en muchos casos ayuda a reconocer problemas reales y reducir el estigma, también puede tener efectos negativos como hacer que el malestar se sienta como más grave y duradero. También puede reducir la resiliencia natural de las personas y genera procesos que empeoran la salud mental de forma irónica.
Haslam no niega que existan dificultades reales ni que los tratamientos sean útiles. Simplemente señala que esta inflación de los conceptos contribuye a inflar las cifras de problemas de salud mental y puede estar empeorando la situación en lugar de mejorarla. Por eso propone que las políticas públicas tengan más cuidado con las campañas de concienciación para evitar la sobrepatologización de experiencias normales de la vida.
Un modelo que convirtió la incompetencia en método y la corrupción en sistema, sustituir técnicos por militantes, instituciones x lealtades, planificación por propaganda. DÍcese de Venezuela, dicho de otra forma, te digo Juan para que escuches Pedro. @soledad_morillo
Censura en la revista del Colegio de Psicólogos de Nueva Zelanda:
El Colegio de Psicólogos Clínicos de Nueva Zelanda (NZCCP) ha retirado un artículo que ya había sido revisado por pares y publicado en su propia revista. El artículo se titulaba: "Don’t Just Tell Me, Show Me How Science and Psychology Are Racist in New Zealand”.
¿Qué decía el artículo?
Que la psicología clínica debe seguir basándose en evidencia científica rigurosa, y que no se debe dar igual peso a “mátauranga Māori” (maneras de conocer tradicionales) si no demuestran ser efectivas para ayudar a los pacientes. Defendía que el modelo científico es el que mejor sirve a todos los clientes, incluidos los Māori.
¿Por qué lo borraron?
No por fraude, plagio, ni errores.
Lo retiraron porque el Consejo del NZCCP consideró que era “inconsistente con sus valores” y que “podía perpetuar el daño a los Māori”.
¿Quién escribió el artículo?
El artículo lo escribió la Dra. Arna Mitchell, una psicóloga clínica Māori, profundamente involucrada en su cultura, que ha trabajado con comunidades Māori y valora enormemente su identidad.
Así que una psicóloga Māori defendiendo la ciencia… es censurada para proteger a los Māori.
La ex-editora de la revista durante 11 años, Dra. Kumari Valentine, lo resumió perfectamente: esto no es una retractación normal. Es censura. Los desacuerdos académicos se resuelven con debate, no borrando artículos ya publicados. Esto marca un precedente muy peligroso ya que se priorizan “valores” e ideología por encima de la evidencia y la libertad académica.
Link al artículo completo (archivado):
https://t.co/mJc4dH5ywY
Link al post de Valentine:
https://t.co/XIhLB7hdnd
La música tiene la extraordinaria cualidad, entre otras, de ayudarnos a configurar nuestra idea del mundo.
En nuestro catálogo encontrarás más de cincuenta títulos de temática musical. Descúbrelos en nuestra web o en tu librería de confianza.
¡Feliz Día Mundial de la Música!
He criticado al wokismo desde hace tiempo y sigo haciéndolo. Mucha gente todavía lo ve como algo exagerado o como un conjunto de ideas un poco raras pero inofensivas. Creen que son solo modas pasajeras o errores de interpretación y que no hay que darle mucha importancia. Pero las ideas tienen consecuencias reales.
Todo lo que ha pasado con las bandas de pakistaníes que abusaron de miles de niñas en Reino Unido durante años es, en gran parte, una consecuencia directa del wokismo. Esta ideología divide el mundo en opresores y oprimidos, y en ese esquema los musulmanes (sobre todo los de origen pakistaní) entran automáticamente en la categoría de víctimas del colonialismo y del racismo occidental. Como son víctimas, tienen una especie de superioridad moral y criticar o investigar a personas de ese colectivo se considera automáticamente racismo o islamofobia. Y nadie en las instituciones quería ser señalado como racista.
Esto es lo que produce la política de identidades: se deja de juzgar a las personas por lo que hacen y se empieza a juzgarlas por el grupo al que pertenecen. Da igual lo que haya pasado, lo importante es quién lo ha hecho. Si el autor pertenece a un grupo considerado “oprimido”, el asunto se minimiza, se relativiza o directamente se tapa. Lo hemos visto también con otros casos de violaciones en grupo cometidas por hombres que no son blancos: muchas feministas que normalmente están muy pendientes de estos temas guardan un silencio bastante llamativo cuando los agresores no encajan en el perfil que les interesa.
Es el nuevo antirracismo, que no tiene nada que ver con el de Martin Luther King. El de King quería que se juzgara a la gente por el contenido de su carácter, no por el color de su piel. Este nuevo enfoque hace exactamente lo contrario: convierte la identidad en lo más importante y crea dos varas de medir según quién sea el culpable.
El problema del wokismo no es que sea de izquierdas o de derechas. El problema es que es profundamente antiliberal. Rechaza la idea de que todos somos individuos con los mismos derechos y responsabilidades, y la sustituye por una visión en la que lo que importa es a qué grupo perteneces. Desde esa lógica se justifican dobles estándares, se limita la libertad de expresión cuando molesta a ciertos colectivos, y se antepone la protección de la narrativa identitaria a la protección real de las personas (en este caso, de niñas vulnerables).
Al final, lo que está haciendo es erosionar las bases sobre las que se construyeron las democracias liberales: la igualdad ante la ley, la presunción de inocencia, el juicio por hechos y no por identidades, y la capacidad de hablar con claridad aunque lo que tengas que decir sea incómodo. Y cuando eso se rompe, las consecuencias pueden ser muy graves, como ya hemos visto.
¿Tú con quién estás? ¿Con Harari o con Henrich?
Joseph Heath critica en este artículo el relato de la evolución humana que presenta Yuval Noah Harari en Sapiens por ser anticientífico y obsoleto. Lo contrasta con la teoría mucho más sólida y actual, según él, de Joseph Henrich (The Secret of Our Success), que invierte completamente el orden explicativo.
Heath identifica cuatro capacidades únicas que diferencian a los humanos:
-Inteligencia superior (incluyendo razonamiento abstracto y matemático).
-Lenguaje complejo y gramatical.
-Cooperación ultrasocial (con no parientes).
-Cultura acumulativa (transmisión y mejora continua de conocimiento y artefactos).
Cualquier teoría seria debe explicar cómo evolucionaron estos rasgos en un tiempo evolutivo muy corto (Homo erectus apareció hace unos 2 millones de años o así).
La secuencia de Harari sigue el orden clásico: Inteligencia → Lenguaje → Cooperación → Cultura. Pero Heath le ve muchos problemas:
-El cerebro grande es muy costoso (energía y mortalidad en el parto). No está claro qué beneficio compensatorio habría tenido en la sabana.
-El lenguaje como “mutación casual” (Tree of Knowledge) tiene problemas graves: el primer mutante no tendría con quién hablar (problema de arranque).
-Sin cooperación previa, el lenguaje sería “cheap talk” (habla barata) y poco creíble.
-La cooperación no surge fácilmente de la inteligencia (teoría de juegos y dilema del prisionero lo demuestran).
-La cultura no es solo “más gente trabajando junta”; es evolución cultural acumulativa.
Así que Heath prefiere la secuencia que propone Henrich (siguiendo a Boyd y Richerson): Cultura → Cooperación → Lenguaje → Inteligencia. La historia sería más o menos lo siguiente. El ajuste inicial que lo arranca todo fue una mayor capacidad de imitación fiel: los humanos copian comportamientos complejos con gran precisión, incluso sin entenderlos del todo, a diferencia de los chimpancés. Esta capacidad permitió el surgimiento de la evolución cultural acumulativa, es decir, que las herramientas, técnicas y conocimientos mejoren y se transmitan de generación en generación. La imitación conformista (“haz lo que hace la mayoría”) y la tendencia a imitar a los más exitosos aumentaron la homogeneidad cultural dentro de los grupos, lo que potenció la selección entre grupos: aquellos más cooperativos culturalmente dominaron a los demás, favoreciendo el surgimiento de normas prosociales. Esto, a su vez, desencadenó un proceso de auto-domesticación, en el que los individuos más agresivos eran marginados reproductivamente, haciendo a los humanos más prosociales por naturaleza. Con mayor cooperación, el lenguaje se volvió útil y creíble. Finalmente, la inteligencia (incluido el cerebro grande) fue impulsada por la explosión cultural: valía la pena invertir en mejor memoria y cognición porque permitía absorber y aprovechar una cultura cada vez más compleja.
En resumen, el artículo es una defensa clara de la co-evolución gen-cultura.
“Lo que estamos presenciando no es un choque de civilizaciones en el gran sentido geopolítico, sino algo más íntimo y mucho más explosivo: un choque de civilizaciones sexuales.
Dos sistemas de reglas completamente incompatibles sobre los hombres, las mujeres, el poder y el deseo -colisionando en autobuses y esquinas de calles, en bares y dormitorios-, y cuyas consecuencias se están dirimiendo en tribunales y comisiones universitarias de todo el mundo occidental.
Un sistema le da todo el poder a las mujeres y lo llama progreso.
El otro le da todo el poder a los hombres y lo llama voluntad de Dios.
Nadie está hablando con honestidad sobre lo que ocurre cuando chocan.”
Lo mejor y lo peor de la edad, según Bob Dylan
“Lo mejor
Lo mejor de tener 80 años es que sobrevives a los relojes que te han estado persiguiendo. Es la libertad de esa mentira de que alguna vez todo estuvo bajo control. Ya no persigues el desfile. Eres un viejo rey de algún país desaparecido. Eres más difícil de programar.
Ya no te apresuras por convertirte en algo y no te persiguen las cosas que hiciste. Te persigue lo poco que realmente importó de la forma en que pensaste que importaría.
Lo peor
Lo peor de tener 80 años es que todavía quieres decir sí a todo, pero el mundo avanza sin pedir permiso. El viejo fuego en tu corazón todavía te dice que hagas esto y aquello, pero tu cuerpo dice que ya lo hicimos. Además, nada te sorprende. Suena como un lujo, pero no lo es, y además te has quedado sin ilusiones. La gente te trata como si hubieras resuelto algo o hubieras perdido algo, y no es así. Ves la vida repitiéndose por todas partes.
Lo realmente peor de tener 80 años es que descubres, al fin, que has comprendido algo que podría haberlo cambiado todo en el pasado, si hubiera llegado en un momento en que aún se podía cambiar algo. Cuando eres joven crees que el tiempo avanza. A los 80 sabes que no lo hace, que se queda quieto. Los que nos movemos somos nosotros”.
Lejos de ofrecer una mirada romántica y fantasiosa de la vida de Alejandro Magno, Lane Fox recupera, con un lenguaje de insuperable maestría, todos los matices de una época histórica.
ℹ️«Alejandro Magno. Conquistador del mundo», Robin Lane Fox: https://t.co/fvsoTXEgWH
El Mito del Mal Puro: Nadie se cree el villano:
Esto es una reseña profunda del libro Evil: Inside Human Violence and Cruelty (conocido en círculos hispanohablantes por su concepto central “El Mito del Mal Puro”) escrito por el psicólogo Roy Baumeister, realizada por Rob Henderson en 2023. Henderson describe el libro como uno de los que más le sacudieron la visión del mundo.
Baumeister desmonta la idea popular de que el mal lo cometen monstruos que saben que son malos y disfrutan haciendo daño. La realidad es muy distinta: casi nadie se ve a sí mismo como malvado. Los perpetradores suelen creer que sus acciones están justificadas, como respuesta a una provocación, en defensa propia, por un “bien mayor” o por circunstancias que “no les dejaron otra opción”.
El libro demuestra que todos somos capaces de cometer actos terribles bajo ciertas condiciones: presión social, ideología fuerte, pérdida de autocontrol o cuando se eliminan las normas y castigos que nos frenan. Los nazis, estalinistas o cualquier otro grupo que cometió atrocidades no eran demonios excepcionales, sino personas corrientes que no resistieron esos factores.
Un concepto clave es la “brecha de magnitud” entre víctima y agresor: las víctimas recuerdan el daño como mucho más grave y duradero, mientras que los agresores lo minimizan rápidamente, lo olvidan y echan la culpa al exterior (“se lo merecía”, “no pude evitarlo”).
Según Baumeister, si no hay más maldad en el mundo cotidiano es gracias al autocontrol y a las normas sociales (vergüenza, leyes, castigo). Quita esos frenos -por ejemplo con alcohol, ideologías extremas o entornos sin consecuencias- y el mal surge con facilidad.
Mensaje central: para entender el mal hay que observarlo desde la perspectiva del perpetrador, no solo desde la de la víctima. Y reconocer que tú y yo también podríamos cruzarlo bajo las condiciones adecuadas. Es un texto incómodo que desafía la cómoda creencia de que “el mal solo lo hacen los otros”.
No solo es un problema de salud pública, denota crueldad, una deficiente consciencia sobre el trato a estos seres magníficos y la irresponsabilidad civil. Además de una ausencia absoluta de política públicas para cambiar esa realidad.
🚨🐶 Más de 5 millones de perros viven en situación de calle en el Estado de México. Esta alarmante cifra convierte al abandono animal en un grave problema de salud pública en la entidad, detonado principalmente por la falta de esterilización y la compra impulsiva de mascotas
#AbrimosHilo 🧵
“Quizá no haya ningún fenómeno que contenga tantos sentimientos destructivos como la “indignación moral”, que permite actuar a la envidia o el odio bajo la apariencia de la virtud. El “indignado” tiene por una vez la satisfacción de despreciar y tratar a una criatura como “inferior”, unida al sentimiento de su propia superioridad y rectitud”
-Erich Fromm
“Para poner en marcha una atrocidad masiva se necesita idealismo: la creencia de que la violencia es un medio para alcanzar un fin moral. Las principales atrocidades del siglo XX fueron cometidas en gran parte por hombres que creían estar creando una utopía o por hombres que creían estar defendiendo su patria o su tribu de un ataque. El idealismo se convierte fácilmente en algo peligroso porque conlleva, casi inevitablemente, la creencia de que el fin justifica los medios. Si se lucha por el bien o por Dios, lo que importa es el resultado, no el camino. La gente respeta poco las normas; respetamos los principios morales que subyacen a la mayoría de las normas. Pero cuando una misión moral y las normas jurídicas son incompatibles, nos suele importar más la misión”.
-Jonathan Haidt, The Happiness Hypothesis
Hoy celebramos la duodécima edición de «Sobre la brevedad de la vida, el ocio y la felicidad», de Lucio Anneo Séneca. Un texto sobre el arte de vivir que fue objeto de admiración para autores como Erasmo, Montaigne, Schopenhauer, Nietzsche o Cioran.
ℹ️https://t.co/EwVjThBowy
🧵1/ He analizado el discurso del Papa León XIV en Madrid como si fuera el de un político.
El resultado es inquietante.
Porque es, técnicamente, uno de los discursos mejor construidos que han sonado en España en mucho tiempo. 👇
«La obsesión por acomodar la realidad a la estrechez de nuestros intereses se denomina “síndrome de Procusto” en honor a una leyenda griega».
Ilustración de Víctor Aguilar Rúa
@elcomercio_peru
https://t.co/5BXZWI205Q