La mochila que no se ve
Todos llevamos una.
Dentro guardamos cosas que casi nunca contamos:
miedos que disimulamos, despedidas que todavía duelen, días en los que levantarse ya fue suficiente.
Y salimos a la calle como si nada.
Por eso, antes de pensar que alguien exagera, que está distante o que podría poner un poco más de su parte, recuerda:
Hay batallas que no hacen ruido.
Y mochilas que pesan aunque estén vacías por fuera.
Como último acto de amor le pedí a Dios que cuidara tu corazón y tu camino. Le hablé del cariño tan profundo que sentía por ti y de lo importante que era para mí verte feliz. Le pedí que te permitiera cumplir cada uno de tus sueños y que te acompañara en cada lugar que recorras. También le pedí que, en los momentos difíciles, sintieras su paz y su compañía, y que pusiera en tu camino a alguien que te valore, te apoye y te quiera de verdad. Como último acto de amor decidí seguir mi camino, porque entendí que buscábamos cosas diferentes.
Ya estamos grandes para estar arrastrandonos por las personas que queremos. Hay que entender que si se alejan, si no te hablan, y ni se interesan por ti, hay que dejarlos ir. Tenemos mucha vida para disfrutar y gente nueva que quiere entrar.
#LIBRA. La energía astral impulsa tus deseos y te abre caminos que parecían imposibles. La suerte caminará a tu lado, ayudándote a concretar y hacer realidad tus ideas. Esta #LunaNueva favorece los viajes y el trabajo, donde pueden surgir oportunidades que cambien tu vida.
Todo el mundo habla de alejarse, pero casi nadie habla del duelo que se vive cuando decides mantenerte firme en una decisión que te rompe el corazón.
Porque a veces no te alejas porque dejaste de sentir, sino porque entendiste que seguir ahí también dolía.
A veces no es lo que quieres, pero sí lo que necesitas para proteger tu paz, cuidar tu dignidad y dejar de sostener algo que ya estaba lastimando a ambos.
Y sí, duele.
Duele elegirte cuando una parte de ti todavía quiere quedarse.
Duele soltar sin dejar de amar.
Duele aceptar que cuidar también puede significar tomar distancia.
Pero hay decisiones que, aunque rompen el corazón, también empiezan a salvarte.
Yo no quiero a alguien para chatear todo el día; ya somos adultos y el tiempo no siempre alcanza.
Quiero a alguien que, cuando tenga un momento, me cuente su día sin que yo lo pida; que no se duerma sin darme las buenas noches y no despierte sin darme los buenos días.
No quiero a nadie que se desvele por mí ni que su vida gire alrededor de la mía.
Quiero a alguien con vida propia, pero con el deseo genuino de compartirla conmigo.
Quiero a alguien que quiera contarme su felicidad y también sus tristezas.
Alguien que entienda que el amor no es presencia constante, sino intención constante.
Quiero a alguien que sepa qué es el amor.
Pantalla en negro, la playlist en aleatorio,
silencio en el salón, que ya tocaba.
Fuera se estresa el barrio entero,
mientras yo cancelo el plan que me agobiaba.
Sudadera oversize, luz de ambiente,
el móvil en "no molestar" sobre la mesa.
Qué lujo no ver a un mar de gente,
qué bien sienta perder la prisa y la cabeza.
Un vino, una serie, el sofá que me atrapa,
la ciudad ruge afuera, pero aquí no cuenta.
Mi sábado noche no lleva capa,
es este refugio que la paz inventa.