¡Esto es México! 🇲🇽
Las Águilas Aztecas de la #FuerzaAéreaMx sobrevolaron el Estadio de la Ciudad de México, previo al tercer encuentro de la Selección Mexicana en la fase de grupos.
El verde, blanco y rojo, pintaron los corazones de los miles de aficionados en apoyo a nuestra Selección Mexicana para reafirmar el liderato del Grupo A en el Mundial 2026.
#SomosMéxico #SelecciónMexicana #3de3
🌺 Algunas #flores tienen más características de las que te puedes imaginar.
Desde bebidas hasta postres y #PlatillosTradicionales, estas flores forman parte de la #gastronomía en distintas regiones de #México. 👀✨
¿Cuántas has probado? 😱💬
🕯️La gente piensa que el cirio pascual que esta noche se encenderá en la vigilia no es más que una vela grande. No saben ni lo de las abejas, ni lo de los granos de incienso, ni lo de su relación con el espacio-tiempo... Te lo explico para que se lo expliques ⬇️⬇️
El Cuarto Rey Mago:
Hay una leyenda que sin ser parte de la Revelación, nos enseña lo que Dios espera de nosotros.
Se cuenta que había un cuarto Rey Mago, que también vio brillar la estrella sobre Belén y decidió seguirla.
Como regalo pensaba ofrecerle al Niño un cofre lleno de perlas preciosas.
Sin embargo, en su camino se fue encontrando con diversas personas que iban solicitando de su ayuda.
Este Rey Mago las atendía con alegría y diligencia, e iba dejándoles una perla a cada uno.
Pero eso fue retrasando su llegada y vaciando su cofre.
Encontró muchos pobres, enfermos, encarcelados y miserables, y no podía dejarlos desatendidos.
Se quedaba con ellos el tiempo necesario para aliviarles sus penas y luego procedía su marcha, que nuevamente era interrumpida por otro desvalido.
Sucedió que cuando por fin llegó a Belén, ya no estaban los otros Magos y el Niño había huido con sus padres hacia Egipto, pues el Rey Herodes quería matarlo.
El Rey Mago siguió buscándolo, ya sin la estrella que antes lo guiaba. Buscó y buscó y buscó...
Y dicen que estuvo más de treinta años recorriendo la tierra, buscando al Niño y ayudando a los necesitados.
Hasta que un día llegó a Jerusalén justo en el momento que la multitud enfurecida pedía la muerte de un pobre hombre.
Mirándolo, reconoció en sus ojos algo familiar.
Entre el dolor, la sangre y el sufrimiento, podía ver en sus ojos el brillo de aquella estrella.
Aquel miserable que estaba siendo ajusticiado era el Niño que por tanto tiempo había buscado.
La tristeza llenó su corazón, ya viejo y cansado por el tiempo.
Aunque aún guardaba una perla en su bolsa, ya era demasiado tarde para ofrecérsela al Niño que ahora, convertido en hombre, colgaba de una Cruz.
Había fallado en su misión.
Y sin tener a dónde ir, se quedó en Jerusalén para esperar que llegara su muerte.
Apenas habían pasado tres días cuando una luz aún más brillante que mil estrellas llenó su habitación.
Era el Resucitado que venía a su encuentro.
El Rey Mago, cayendo de rodillas ante Él, tomó la perla que le quedaba y extendió su mano mientras hacía una reverencia.
Jesús le tomó tiernamente y le dijo:
“Tú no fracasaste!
Al contrario, me encontraste durante toda tu vida...
Yo estaba desnudo, y me vestiste.
Yo tuve hambre, y me diste de comer.
Tuve sed y me diste de beber.
Estuve preso, y me visitaste.
Yo estaba en todos esos pobres que atendiste en tu camino.
¡Muchas gracias por tantos regalos de amor!
Ahora estarás conmigo para siempre, pues el cielo es tu recompensa...”
La historia no requiere explicación... nosotros somos el cuarto Rey Mago y Jesús espera que le encontremos en cada persona necesitada que se cruce en nuestro camino.
—¿Qué es la Navidad?
—Es cuando el corazón recuerda lo que ama.
—¿Y por qué hay luces?
—Para que no olvidemos que incluso la noche más oscura puede brillar.
—¿Y los regalos?
—Aunque se ha comercializado, son excusas para decir “me importas”.
—¿Entonces la Navidad puede durar todo el año?
—Sí, cuando alguien te cuida sin ruido, cuando te espera sin prisa,
cuando te elige incluso en los días normales.
—Entonces, si estoy contigo,
¿ya es Navidad?
—Siempre. Porque lo esencial,
como tú, nunca necesita calendario. ✨🌠🌹
J. R. R. Tolkien escribió durante dos décadas una serie de cartas a sus hijos simulando ser escritas por Father Christmas (Papá Noel).
En la primera carta, su hijo mayor tenía 3 años, y en la última su hija menor tenía 14.
En las cartas, Papá Noel contaba las aventuras que vivía en el Polo Norte junto a su principal ayudante, un oso polar llamado Karhu, pero al que llamaba simplemente Oso Polar del Norte.
A lo largo de los años fueron apareciendo otros personajes como gnomos rojos, elfos, muñecos de nieve y los dos sobrinos de Karhu, llamados Paksu y Valkotukka.
En las cartas, Papá Noel les pedía perdón por su letra temblorosa, alegando ser un anciano de 1900 y tantos años y culpando al frío del Polo Norte.
En ocasiones, el Oso Polar intervenía con letras grandes y poderosas, y en otras, el elfo Ilbereth lo hacía con trazos elegantes y ligeros.
La cartas, además, estaban ilustradas por dibujos del autor que se incluian a modo de "fotografías".
Tolkien también diseñaba los sobres y estampillas del Polo Norte, y las cartas eran entregadas por el cartero o dejándolas junto a los regalos en la mañana de Navidad.
Para quién guste, queda a continuación una de las cartas que Tolkien envió a sus hijos.
La Navidad nos pone delante una verdad incómoda:
Dios se humilló haciéndose hombre porque nosotros, en nuestro orgullo, nunca hubiéramos bajado la cabeza para buscarlo.
¿Te has preguntado alguna vez por qué el Rey del universo nace en un establo y no en un palacio?
Porque si hubiera venido con poder y esplendor, nuestro ego lo habría rechazado de inmediato.
Hoy muchos celebran Navidad sin aceptar esa humillación divina. Prefieren un “dios” a su medida:
Uno que bendiga su ambición, que no exija arrepentimiento, que nunca les pida bajar del trono que se construyeron solos.
Esa es la gran mentira:
Creer que podemos acercarnos a Dios sin reconocer primero que estamos abajo y Él tuvo que bajar hasta nosotros.
La humildad de Cristo no es un detalle bonito; es el único camino. Si la rechazas, rechazas el mismo amor que vino a salvarte.
Ya huele a ponche y nuestro cosmos lo sabe. ✨🎄
@chandraxray nos regaló esta vista de un cúmulo de estrellas hace unos años. Se trata de unárbol de Navidad cósmico, ubicado en nuestra galaxia, la Vía Láctea, a unos 2.500 años luz de la Tierra.
En la Nochebuena de 1914, en las húmedas y fangosas trincheras del Frente Occidental de la Primera Guerra Mundial, ocurrió algo extraordinario.
Se conoció como la Tregua de Navidad. Y sigue siendo uno de los momentos más memorables y extraños de la Gran Guerra, o de cualquier guerra de la historia.
El ametrallador británico Bruce Bairnsfather, quien posteriormente se convertiría en un destacado caricaturista, lo relató en sus memorias. Como la mayoría de sus compañeros de infantería del https://t.co/9TvxgEX2CT Batallón del Regimiento Real de Warwickshire, pasaba la víspera de Navidad temblando en el lodo, intentando entrar en calor. Había pasado buena parte de los últimos meses luchando contra los alemanes. Y ahora, en una zona de Bélgica llamada Bois de Ploegsteert, estaba agazapado en una trinchera de apenas un metro de profundidad por un metro de ancho, con sus días y noches marcados por un ciclo interminable de insomnio y miedo, galletas rancias y cigarrillos demasiado húmedos para encenderlos.
“Aquí estaba yo, en esta horrible cavidad de arcilla”, escribió Bairnsfather, “…a kilómetros y kilómetros de casa. Con frío, empapado y cubierto de barro”. No parecía haber “la más mínima posibilidad de escapar, salvo en ambulancia”.
A eso de las 10 p. m., Bairnsfather notó un ruido. “Escuché”, recordó. “Al otro lado del campo, entre las oscuras sombras, oí un murmullo de voces”. Se giró hacia un compañero soldado en su trinchera y le preguntó: “¿Oyes a los Boches [alemanes] armando ese alboroto ahí?”.
“Sí”, fue la respuesta. “¡Llevan un buen rato haciéndolo!”.
Los alemanes cantaban villancicos, como si fuera Nochebuena. En la oscuridad, algunos soldados británicos comenzaron a cantarles de vuelta. “De repente”, recordó Bairnsfather, “oímos unos gritos confusos desde el otro lado. Todos nos detuvimos a escuchar. El grito se escuchó de nuevo”. La voz provenía de un soldado enemigo, hablando en inglés con un marcado acento alemán. Decía: «Vengan aquí».
Uno de los sargentos británicos respondió: «Tú vienes a mitad de camino. Yo voy a mitad de camino».
Lo que sucedió a continuación, en los años venideros, asombraría al mundo y haría historia. Los soldados enemigos comenzaron a salir nerviosos de sus trincheras y a reunirse en la «tierra de nadie» llena de alambre de púas que separaba a los ejércitos. Normalmente, británicos y alemanes se comunicaban a través de la tierra de nadie con disparos fulminantes, con solo ocasionales concesiones caballerosas para recoger a los muertos sin ser molestados. Pero ahora, había apretones de manos y palabras de cariño. Los soldados intercambiaron canciones, tabaco y vino, participando en una espontánea fiesta navideña en la fría noche.
Bairnsfather no podía creer lo que veía. «Aquí estaban: los soldados reales y prácticos del ejército alemán. No había ni una pizca de odio en ninguno de los dos bandos».
Y no se limitaba a ese único campo de batalla. A partir de la víspera de Navidad, pequeños grupos de tropas francesas, alemanas, belgas y británicas realizaron treguas improvisadas en todo el Frente Occidental, con informes de algunas también en el Frente Oriental. Algunos relatos sugieren que algunas de estas treguas no oficiales se mantuvieron vigentes durante días.
Una hermosa leyenda cuenta que, cuando Jesús nació, los pastores corrían hacia la gruta llevando muchos regalos. Cada uno llevaba lo que tenía: unos, el fruto de su trabajo, otros, algo de valor.
Pero mientras todos los pastores se esforzaban, con generosidad, en llevar lo mejor, había uno que no tenía nada. Era muy pobre, no tenía nada que ofrecer. Y mientras los demás competían en presentar sus regalos, él se mantenía apartado, con vergüenza. En un determinado momento, san José y la Virgen se vieron en dificultad para recibir todos los regalos, muchos, sobre todo María, que debía tener en brazos al Niño. Entonces, viendo a aquel pastor con las manos vacías, le pidió que se acercara. Y le puso a Jesús en sus manos.
El pastor, tomándolo, se dio cuenta de que había recibido lo que no se merecía, que tenía entre sus brazos el regalo más grande de la historia. Se miró las manos, y esas manos que le parecían siempre vacías se habían convertido en la cuna de Dios. Se sintió amado y, superando la vergüenza, comenzó a mostrar a Jesús a los otros, porque no podía sólo quedarse para él el regalo de los regalos.
Si tus manos te parecen vacías, si ves tu corazón pobre en amor, esta noche es para ti. Se ha manifestado la gracia de Dios para resplandecer en tu vida. Acógela y brillará en ti la luz de la Navidad.
SOBRE EL ORIGEN DE LAS POSADAS:
Hacia 1587, los frailes agustinos establecidos en Acolman solicitaron y obtuvieron la autorización del papa Sixto V para celebrar las llamadas misas de aguinaldo, un conjunto de nueve oficios religiosos que se realizaban del 16 al 24 de diciembre. Estas misas tenían como finalidad preparar espiritualmente a la comunidad para la celebración del nacimiento de Cristo y recrear, de forma pedagógica y ritual, el peregrinar de José y María en busca de posada antes del parto. La elección de nueve celebraciones no era casual: aludía tanto a los nueve meses de gestación de María como a una estructura ritual fácilmente asimilable por las poblaciones indígenas, habituadas a ciclos ceremoniales repetitivos.
Félicette, la gata callejera de París enviada al espacio en 1963 y olvidada por la historia.
En 1963, mientras la carrera espacial acaparaba la atención del mundo, Francia decidió unirse a la competencia con un protagonista inesperado: una gata llamada Félicette.
Félicette era una gatita callejera de París que fue elegida entre varios felinos por su tamaño pequeño y su carácter tranquilo. Los científicos la entrenaron con paciencia, acostumbrándola a cabinas estrechas y a la sensación de ingravidez simulada. El objetivo era medir cómo un ser vivo soportaba las condiciones de un vuelo suborbital.
El 18 de octubre de 1963, Félicette despegó a bordo de un cohete Véronique desde Hammaguir, Argelia. Su cápsula alcanzó los 157 kilómetros de altitud y estuvo unos minutos en ingravidez antes de regresar a la Tierra. Contra todo pronóstico, la misión fue un éxito: Félicette volvió viva, convirtiéndose en el primer y único gato en viajar al espacio.
Aunque su hazaña quedó en la sombra de perros como Laika o de los chimpancés enviados por Estados Unidos, con el tiempo ha sido reconocida como una pionera. En 2019, incluso se levantó una estatua en su honor.
La historia de Félicette demuestra que, aunque pequeña, dejó una huella enorme en la historia de la exploración espacial.
"Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda,
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.
Eleva el pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
Nada te turbe.
A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y venga lo que venga,
Nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
nada tiene de estable,
Todo se pasa.
Aspira a lo celeste,
que siempre dura;
fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.
Ámala cual merece
Bondad inmensa;
pero no hay amor fino
Sin la paciencia.
Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
Todo lo alcanza.
Del infierno acosado
aunque se viere,
burlará sus furores
Quien a Dios tiene.
Vénganle desamparos,
cruces, desgracias;
siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.
Id pues, bienes del mundo;
id, dichas vanas,
aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta".
Santa Teresa de Ávila, ruega por todos nosotros.
FE y más FE.
Buenos días,
Dios y María Santísima los bendigan abundantemente.
Miren esta historia 🐱🐾 (hilo)
El Tamaden o tren de la gatita Tama, es un tren de inspiración gatuna utilizando como modelo a la gatita Tama, que fue jefa de estación en Kishi, Japón.
Tama era una gatita calicó que se iba a quedar sin hogar, y llegó a la estación el día de la