Debutó en Primera División hasta los 23 años de edad. Después del fallecimiento de su padre, cayó en un bache muy oscuro, estuvo cerca de dejar el fútbol y enfrentó problemas serios con el alcohol. No tenía motivación para seguir. De repente, lo diagnosticaron con cáncer testicular. Y, ahí, todo cambió: "No me respetaba, no respetaba mi trabajo. Es una paradoja, pero el cáncer me salvó. Tenía de nuevo algo contra lo que luchar, un límite que cruzar".
Derrotó al cáncer no solo una vez, sino en par de ocasiones. Y, a partir de ese momento, ha construido una carrera larga y exitosa en el fútbol de su país. Luego de ganar con la Lazio, ser campeón de todo lo doméstico con el Inter y conquistar la Eurocopa con la Selección de Italia, se podía pensar que, a sus 37 años de edad, ya no le quedaban más noches mágicas por vivir. Pero el destino tuvo otros planes.
No había marcado gol en toda la presente temporada y nunca antes había convertido en un partido de competencia europea. Nunca antes... hasta hoy. Justo hoy, cuando el Inter estaba al borde de la eliminación de la Champions League, apareció con un GOL SALVADOR al minuto 90+3 ante el FC Barcelona de Hansi Flick. Él llevó la definición al tiempo extra y su equipo se encargó del resto. Boleto sellado a la final de Munich.
El premio para un tipo que no sabe rendirse. Si no dejó de luchar en los episodios más complicados de su vida, estaba claro que hoy lo iba intentar hasta que no pudiera más. La inspiradora historia de Francesco Acerbi. IMPOSIBLE NO EMOCIONARSE.