Agradece lo que tienes. Agradece lo que no se dio, lo que te cambió y mejoró. Agradece lo que no esperabas y te mostró que tan fuerte eres. Agradece tu capacidad de salir adelante, que quizá no estás donde quieres estar, pero cada día estás más cerca.
Con el tiempo uno aprende a ahorrarse palabras y a no reaccionar cada vez que escuchamos o vemos algo que no nos gusta, aprendes a alejarte, evitar lugares, situaciones, personas que no valen la pena como para perder tu tiempo y energía. Nada más maduro y sanador que eso.