Recobraré entonces mi voz perdida
y no se empañará mi aliento;
se clavará un intenso grito de borde a borde
limpia y recta, mi palabra surcará los aires
cuando el nuevo amor encuentre mi cuerpo
y tiemblen los vientos, los amores viejos
y los ríos revienten en mi pecho.
Violeta B
Siempre me llamó la atención esa obsesión de la Odisea con las cuevas a modo de espacio de intenso dramatismo. Y no tanto como meros accidentes del terreno (inspirados por la geografía real) cuanto como umbrales hacia lo no humano. La cueva de Calipso, por ejemplo, que es todo un palacio natural, símbolo de la historia suspendida. O la oscura morada del cíclope. O la cueva de las ninfas en el puerto de Ítaca, con sus telares y ánforas de piedra y su doble entrada, humana y divina, que suscitó una conocida interpretación neoplatónica. O, en fin, la cueva de Escila, como un útero siniestro. En palabras de Circe (y en mi traducción):
«En medio del promontorio se abre tenebrosa cueva
que mira al Érebo y a poniente, y hasta allí enderezaréis
vuestro cóncavo bajel, esclarecido Odiseo.
Mas no hay varón esforzado que en disparando una flecha
a bordo, pueda alcanzar el fondo de aquella gruta.
Allí dentro mora Escila, que aúlla espantosamente
como una cría de perra recién nacida,
engendro malo cuya visión a nadie contentaría,
ni aunque fuera un dios quien se la topase».
Todas estas grutas nos hablan de un poder primigenio, o de un espacio sagrado muy anterior a los dioses del Olimpo. La antropología y la mitología comparada ya tienen bien estudiado el asunto, y establecidos muchos y convenientes vasos comunicantes entre culturas y mitos. Pero nos atreveríamos a afirmar que tal reiteración de la cueva en la Odisea lleva aparejada también un símbolo poderoso, pues así suele trabajar la conciencia de este poema en ese tipo de insistencias. No veremos en la Odisea a ningún humano habitar una cueva. Como mucho se usarán para esconder objetos preciados y tesoros, bajo consejo divino. Y es que la gruta en la Odisea representa lo contrario del oikos, del hogar edificado, de la civilización en suma, que supone la meta del viaje de regreso. Cuando Odiseo y sus hombres escapan de la cueva del cíclope no sólo salvan la vida, sino que se libran de una forma de pensar oscura y opresiva. La visión de la nave a la luz del día les regala un gran alivio: el mar abierto, el cielo azul, el olor a salitre, las rutas entre los hombres.
Las cuevas, pues, no son nunca refugio para la mentalidad de la Odisea. Cuando los hombres llevan sus naves a la playa, prefieren dormir allí, junto a ellas y a la intemperie, que buscar amparo en una de esas grutas en que las islas griegas son tan pródigas. Les llega un consuelo, tal vez, desde los tiempos micénicos. En el silabario Linel B hallamos, en efecto, la palabra 'na-u-do-mo' (véase imagen), "constructor de barcos", formada sobre 'naus' (nave) y la forma 'domo/demo', que tiene que ver con edificar y con edificio o casa. Frente a la cueva, con sus vestigios en la memoria de ancestrales miedos, la nave es como un oikos flotante, el único espacio que los mantiene unidos con su tierra patria y con su verdadero hogar edificado con las manos. Las naves son una extensión de la polis en los lugares más ignotos. Por muy lejanos que se encuentren, guardan la promesa del regreso.
“Mi literatura convive muy felizmente con el mundo”
Compartimos un fragmento de una entrevista a Bioy Casares en los años ‘90. Sobre poesía, el primer impulso que lo llevó a escribir, y la relación de su literatura con el mundo:
La exigencia de estar siempre bien es una de las formas contemporáneas del malestar. No somos equilibrio, sino búsqueda. Y no hay búsqueda sin extravío.
Timeo hominem unius libri: ‘le temo al hombre de un solo libro’ (Tomás de Aquino): aquel que conoce un libro, pero lo conoce bien, es un enemigo formidable.
#El_gatito_hablador
🎸✍️🏾 | El subcomandante Marcos te manda un caset
El escritor Jordi Soler ha sido una figura central en el rock nacional. Productor, locutor y director de la estación Rock 101, recibió en 1995 una enigmática llamada que lo conectaría de un modo impensado con el Subcomandante Marcos.
Décadas después reconstruye ese periodo de la vida, en el que también aparecen los espías de Gobernación, el concierto en apoyo al EZLN, su despido de la estación de radio, las bandas Deep Purple, Pink Floyd, así como las crónicas de las tocadas que el régimen del PRI se negaba a normalizar.
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