Cada vez que muere una Madre de Plaza de Mayo, se apaga una parte de la memoria viva de nuestro país. Se van sin haber recibido toda la justicia que merecían, y nos dejan la responsabilidad de no olvidar y seguir luchando por la verdad.
Borraremos los rastros, las noches
Con más penas de bar sin recordar
Que hubo un tiempo en que toda impaciencia era gracia
Para poder reír y festejar de amor.