Con todos los recuerdos.
Con todo aquello que no podemos cambiar.
Y aun así seguir caminando.
Porque al final, la vida no nos pregunta quién fuimos. Nos pregunta qué hicimos con el tiempo que nos fue concedido.
Y esa es, para mí, la verdadera esencia de Rudeus.
No la historia de un hombre perfecto. No la historia de un héroe que nunca cayó. No la historia de alguien que consiguió borrar sus pecados.
Sino la historia de un hombre profundamente imperfecto que recibió una segunda oportunidad, descubrió que la vida seguía siendo dolorosa, que el tiempo seguía siendo limitado, que las pérdidas seguían siendo inevitables y que él seguía cargando con quien había sido...
y aun así decidió vivir.
Porque tal vez la redención no consiste en conseguir que el mundo olvide quién fuimos.
Tal vez consiste en mirar al antiguo yo a los ojos, aceptar que forma parte de nuestra historia...
y tener el valor de decir:
“Tú fuiste parte de mí. Pero no decidirás quién seré."