¿Ayudó la reclusión femenina a construir los imperios islámicos?
Este artículo de Alice Evans plantea que uno de los grandes desafíos de la historia humana ha sido escalar la cooperación más allá de los grupos pequeños de parentesco. En sociedades tribales, las rivalidades sexuales entre hombres (sobre esposas, hermanas o hijas) eran una fuente constante de conflictos y vendettas que impedían la formación de coaliciones amplias y estables. Los imperios islámicos lograron gobernar durante siglos vastas regiones de Asia Central, el sur de Asia, Oriente Medio y el norte de África, donde muchos hombres seguían siendo leales a sus clanes. Evans se pregunta cómo lo consiguieron.
Su tesis es que el islam construyó una “hermandad” entre hombres de distintos orígenes sin disolver el clan. Lo hizo mediante la devoción compartida, un marco legal común (la sharía), obligaciones de asistencia mutua y la amenaza del castigo divino. Al mismo tiempo, desarrolló fuertes restricciones a los encuentros que podían despertar celos sexuales masculinos. Al ensalzar la reclusión femenina como signo de piedad y advertir del fitna (tentación sexual y desorden), los predicadores limitaron la mezcla entre hombres y mujeres. Así, los hombres podían reunirse en mezquitas, mercados o cofradías sufíes sin invadir el territorio de las mujeres de otros.
Evans argumenta que esta seclusión reconciliaba el parentesco patriarcal con la cooperación fraternal más amplia. Al confinar a las mujeres, se reducían las ocasiones de sospecha y rivalidad sexual entre hombres, lo que facilitaba la formación de redes más extensas. Al mismo tiempo, esto reforzaba el control masculino sobre las hijas y hermanas, dificultaba los matrimonios por amor y aumentaba el poder de negociación de los maridos (gracias al divorcio unilateral y la poligamia). En resumen, la reclusión femenina no fue solo una práctica religiosa o cultural, sino, según Evans, una institución que ayudó a los imperios islámicos a escalar la cooperación en sociedades tribales.
@kanns__ Las mujeres siempre estuvieron en contra del orden y la civilización.
No es casualidad que todos los Estados Nación y textos antiguos se dirigen a los hombres.
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