Breve apunte sobre los 61 periodistas:
No tengo ninguna duda de que los 61 periodistas que aparecen en el sumario del caso Leire estaban haciendo su trabajo: acudir a las fuentes de información, preguntar, insistir, verificar y ofrecer a los afectados la posibilidad de dar su versión de los hechos o incluso desmentirlos.
Parece que, hasta el estallido de las cloacas del PSOE, muchos periodistas no han entendido la esencia de nuestra profesión. Básicamente, que los periodistas tratamos con fuentes. A menudo, esas fuentes no son inocentes, ni bondadosas. Tampoco buscan el bien de la sociedad. Sobre todo, si haces periodismo político o de investigación.
Los periodistas no interpretamos las nubes, ni consultamos bolas de cristal, ni contamos olas por minuto. Hablamos con personas. Esas personas tienen intereses. Nuestro trabajo consiste en analizar la información y comprobar si es cierta y relevante, con independencia de los intereses de la fuente.
Si la información es cierta y relevante para la sociedad, lo demás no importa. No a nosotros, los periodistas. Como si la fuente es Teijelo, Leire, Hitler, Stalin, Mandela, Messi, Teresa de Calcuta o el camarero del bar de la esquina.
Es una maravillosa obviedad, pero está bien recordarlo. En la guerra no llevamos armas; en las calles no llevamos esposas; en las manifestaciones no sacamos una porra; en las elecciones no hacemos propaganda de un partido; en las investigaciones judiciales no condenamos ni salvamos a los acusados. Y, sobre todo, no defendemos a los corruptos, ni a los gobiernos, ni a los poderosos. Sólo estamos ahí y contamos lo que vemos. Conviene volver a recordarlo.
Tener una fuente no implica vincularse a ella. De hecho, suele ser al contrario. La realidad se parece bastante a la reflexión que hizo la periodista Janet Malcolm en El periodista y el asesino (1990): "Cada periodista sabe que lo que hace es indefendible... Es una especie de estafador que se gana la confianza de las personas y se alimenta de su vanidad... para acabar traicionándolas".
Pero es necesario recordarlo, claro, ante este giro gracioso del destino. Porque algunos de los que se levantan ahora contra los ataques injustificados a periodistas y reivindican la importancia de las fuentes son los mismos que llevan una década atacando y esgrimiendo la tesis de la existencia de una cloaca mediático-policial contra otros periodistas. Periodistas que, como yo, nos sentamos en su día una decena de veces con Villarejo para preguntar, confirmar y contrastar información. Es decir, para cumplir con nuestra obligación.
Villarejo tenía unos intereses. Los periodistas teníamos otros. Nadie duda en 2026 de que era una de las personas que más información manejaba de España. Muchos ayatolás de la ética se sentaron luego con él, incluso después de que pasara por la cárcel. Si eres periodista, llegar 10 años tarde no es lo más recomendable.
Era evidente que lo único que molestaba era la información, no el nombre de la fuente. Cualquier noticia que no reforzara los presupuestos ideológicos de los ofendidos era susceptible de ser atacada. Por supuesto, también el periodista que la firmara. Se ha vestido como crítica deontológica algo que, en realidad, era simplemente censura.
Sin embargo, es simpático que en esa cacería, que dura ya una década, hayan participado algunos de los que ahora figuran entre esos 61 periodistas. También otros que hoy defienden a sus amigos. Estoy de acuerdo con vosotros. El periodismo es hablar con fuentes. Estaba claro desde el principio. No hacían faltas las cloacas del PSOE para averiguarlo.
David Simon alabó en 2015 en Vulture el esfuerzo de los periodistas que hacen "periodismo de investigación". "El propósito, la razón por la que la gente hace periodismo de investigación, la razón por la que las personas inteligentes renuncian a sueldos como el de un abogado o un corredor de bolsa. Eliges esta profesión sabiendo que las jornadas serán duras y que, ahora mismo, debido a la pésima situación económica, la estabilidad laboral será, en el mejor de los casos, incierta, y que nunca ganarás lo que mereces. Pero cuando se hace bien, tiene un verdadero sentido".
La vida sigue y será fantástica. La turra con Villarejo ha tenido momentos gloriosos. Algo me dice que va a terminarse pronto.
@Apapell Leon XIV ‘Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para desarmar el lenguaje. La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario". No insulte, no divida.