Con todo el respeto que me merece, señor presidente Abelardo de la Espriella: ¿está usted bien?
En varias apariciones lo hemos visto errático, divagando y con movimientos inusuales de mandíbula. No me corresponde diagnosticarlo, pero sí expresar una preocupación legítima.
Yo fui adicto al alcohol y sé que es posible salir adelante. Si está atravesando alguna dificultad, busque ayuda profesional.
Millones de colombianos estaríamos dispuestos a apoyarlo.
Tener una adicción no es pecado. Pedir ayuda no es debilidad. Reconocer un problema es profundamente humano.
Estas personas, en público, les gritaron ladrones a mis hijos que jamás han robado al Estado donde nunca han trabajado ni han tenido contratos. Ayúdenme a viralizarlos en todas las redes para saber sus nombres y judicializarlos. Deben demostrar que nos hemos robado algo.
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