Angela Davis cierra con una idea muy bonita que vale la pena repetirnos: hoy hicimos comunidad. Construirla exige una práctica cotidiana: escucharnos mutuamente y aprender a habitar tanto la comodidad como la incomodidad.
La cúspide del amor siempre va a ser la admiración. El otro conserva algo que no puedo absorber, explicar ni reducir a mi necesidad. Hay cosas en esa persona que permanecen fuera de mí y, justamente por eso, continúan convocándome.
"No tenemos miedo al desamor, siempre caemos en los mismos errores y el desamor es una fiesta compartida porque las reinitas latinas sabemos que en el desgarro yace el feliz renacimiento."
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