—El gesto de Elia se torció con inquietud. Si bien le adoraba pese a envejecer, pese a las nuevas heridas y marcas que adornaban su bello rostro. . . Si bien sabía que el contrario seguía amándole, que la dulzura con la que le trataba era la habitual entre ellos cuando se >
───La vida de ninguno de los que estaban echados sobre aquel colchón era fácil. Sin embargo, tampoco deseaba tirar por tierra las esperanzas ajenas pese a que no creyese en que de ilusiones se pudiera vivir. Se guardó la opinión para él, las manos apoyadas sobre su propio ›
contrario para el de cabellos pálidos, alguien en quien poder confiar cuando quisiera liberar su mente y dejarla volar.
Pero para su gusto, esta vez, estaba siendo tan realista que ardía. Tan tajante que quemaba.—
Comprendo, sí. . .
—Las comisuras del sureño descendieron, >
contorno del rostro ajeno con la dañada punta de su índice.—
A veces sueño con unas tierras completamente distintas y alejadas de todo conflicto, sin juicios ni miradas castigadoras. Ahí donde vos y yo podríamos ser felices, mi amor.
—Elia se lo tomó con más calma, deshaciéndose en primer lugar de esa túnica bordada y pesada que solía llevar para dejar paso a un conjunto de camisa y pantalón ancho de una tela mucho más fresca y suave, lo suficientemente cómoda para dormir pese a las altas temperaturas del >
───Otra cosa a la que el de cabellos claros no estaba acostumbrado eran a los lujos. Había vivido la gran mayoría de su vida en escenas de guerra; eso quería decir que se desplazaba de un lado a otro quedándose en el propio terreno de batalla, cosa que no le importaba. Él ›
sur de Poniente.
Lentamente se acostó sobre el colchón, tumbándose de lado para contemplar al Targaryen que yacía junto a él. Suspiró ante su respuesta, dibujando una débil y triste sonrisa.—
Lo sé, mas de ilusiones se puede vivir, ¿no creéis?
—Añadió, dibujando el >