posición para dirigirse a la zona de aseo más cercana. Espera no quedarse dormida en el agua, aunque le vendría bien una siesta.
Su figura desaparece tras una de las puertas cuando la sella a su paso, encerrándose en el baño y dejando que el par de infantes lo pasen bien juntos.
Como era de esperar, ninguna de las florituras ajenas consigue hacer que sus comisuras se alcen lo más mínimo.
En su lugar, una mirada regia se alterna entre los dos presentes. No ha dicho que sí, pero tampoco que no.
En apenas un par de segundos, la fémina abandona su »
Sola, perdida en un bosque oscuro y habiendo sobrevivido a un demonio manipulador. ¿Quién no estaría llorando aterrado? Él desde luego sí.
Esboza una sonrisa, asintiendo con la cabeza. —Le toca al papi guay su turno. —Contrasta la seriedad sepulcral ajena con algo de humor. »
era buena idea si el plan era viajar.
—Tomaré el baño. —Pronunció, echando un último vistazo a la menor, antes de alzar el mentón en dirección al rubio. —Vigílala.
La cazadora no hizo más que rodar los ojos ante su primera afirmación. Una niña muy fuerte que lo único que hacía era llorar y dormir.
Planeaba denegar cualquier propuesta, pero lo cierto era que necesitaba una ducha para terminar de despertar. Pasar la noche en vela nunca »
Desvía su atención a la infante, fijándose en los arañazos de sus rodillas y rostro. Pasó por mucho, y sufre de terrores nocturnos.
—Es una niña muy fuerte. —Dice, esbozando una mueca. —Le he pedido al tabernero que prepare el baño y algo de comer. ¿Qué quieres hacer primero?
La azabache, imitando el gesto adverso, ladea la testa para enfocar sus pupilas en la menor.
—Ha tenido pesadillas, pero volvió a dormirse.
Se ahorrará explicar la manera en la que se vio obligada a consolarla mientras lloriqueaba. De lejos, con un arma cerca. A su manera.
—Me lo imaginaba.
Responde breve, pasando a cruzarse de brazos mientras se apoya en el marco. Lleva un rato despierto, y ya se encuentra con su gabardina y gafas puestas. Lanza un vistazo a la niña, encogida en la cama.
—¿Cómo está? ¿Te ha dicho algo?
—No he dormido.
Confiesa, sin intención de tener que poner excusas. Es evidente que tiene vigilada a la infante, a pesar de no tener intenciones de hacerle daño. Aún.
Lo siguiente que dice parece ser su frase predilecta y más repetida.
—Estoy bien.
—Quizás es un demonio que ha encontrado la manera más sencilla y evidente de acercarse a nosotros.
Pronunció, con la misma suficiencia que él. Sin embargo, su muñeca descendió sin oponer resistencia a la decisión que el contrario había tomado por los dos.
En el peor de los »
Y desgraciadamente para todos, la rebelión que había ocurrido y sigue llevándose a cabo en la capital no está haciendo otra cosa que echar leña al fuego. Un círculo vicioso que seguía ensanchándose; en su afán por querer «proteger» al pueblo, daban caza a los llamados magos.
»
directa, estuvieran esos cristales tintados y octogonales ante ellos o no.
—Ya te he dicho que estoy bien.
Tampoco iba a permitir que el rubio cargase con el peso del riesgo que conllevaba hacer su acto de buena fe. La necesitaba para hacer guardias y vigilar a la menor, en »