@jspiegelf@CWPanama@MasAtencionCWP Este reporte tiene un mes y nada que lo atienden Reporte 1-562688001. Además hay un reporte de la falla a nivel general SBL-1-459972101 fecha diciembre 2020. FACTURACION Y PAGO AL DÍA servicio brilla. @AsepPanama no hace nada
PIERDE VAMOS, PIERDE JUAN DIEGO: El acoso en contra de la Diputada Paulette Thomas es vergonzoso. Paulette es mi amiga desde hace muchos años y siempre la he conocido como una persona íntegra, comprometida con las causas sociales y sobre todo una mujer de palabra.
Su trabajo legislativo, habla por sí solo, es ejemplar por la preparación que demuestra y positivo, porque no se limita a la crítica, si no que se destaca por aportar soluciones; presentó y logró la aprobación de importantes leyes que fortalecen la protección a las mujeres y a la niñez.
Con la salida de Paulette Thomas, pierde VAMOS, se les fue una mujer, preparada, aguerrida y respetada, dentro y fuera de la Asamblea. Pierde Juan Diego, ya que vuelve a demostrar que no tolera a quienes tienen brillo propio, se comprueba que no desea más líderes, solo quiere seguidores que no cuestionen sus posiciones caprichosas.
Juan Diego perdió no solo como político, perdió más como persona y como profesional. Deja mucho que decir la forma ofensiva con la que respondió la renuncia de una mujer que pese a los injustos ataques se mantuvo respetuosa y estoica. Más lamentable, es que siendo Juan Diego, un profesional del derecho, no valorara el justo reclamo de Paulette, quien solo reclamó, lo que todo abogado o demócrata debe defender; el respeto al debido proceso.
Ciertamente que este es un tema que debió tratarse solo entre los VAMOS. Sin embargo, no podía quedarme callado frente al irrespeto, no a mi colega Diputada; sino a mi apreciada amiga Paulette Thomas.
Vuela alto mi Brunito. Fuiste compañero fiel e inspiración de muchos. Además fuiste la cara para promoción Hospital de Mascotas! Ojalá alguna clinica u hospital lo honre con su nombre. Jamás te olvidaremos ♥️
¿Por qué soy ateo?
A raíz de los ataques e insultos recibidos —como si el ejercicio del pensamiento libre constituyera un delito— he decidido exponer, de manera ponderada, la racionalidad que sustenta mis convicciones personales. La respuesta más sencilla a la pregunta que titula este texto sería la siguiente: soy ateo porque me considero una persona pensante, reflexiva, escéptica y comprometida con el método científico, que requiere, más allá de anécdotas insustanciales, evidencias reproducibles para aceptar hipótesis y validar argumentos.
Sin duda, resulta más fácil, cómodo e incluso potencialmente útil adherirse a creencias religiosas. Es fácil porque no exige un cuestionamiento profundo; es cómodo porque evita la angustia derivada de un discernimiento intelectual riguroso, que en ocasiones puede conducir a la incertidumbre o al desasosiego; y es útil porque, en sociedades conservadoras, la conformidad con las tradiciones facilita la aceptación social.
La diferencia entre ateísmo y agnosticismo radica, principalmente, en la concepción que se tenga de una eventual deidad y en las herramientas disponibles para evaluar su existencia. Si por “Dios” se entiende un ser sobrenatural, omnipotente, omnisciente, omnipresente y benevolente, que además dirige el destino de la humanidad, la ausencia de pruebas consistentes y las múltiples contradicciones hacen del ateísmo una postura lógica y espontánea. En cambio, si la noción de divinidad se vincula con los límites actuales del conocimiento científico —particularmente en lo relativo al origen del universo y al misterio de la vida en la Tierra—, el agnosticismo podría considerarse una posición intelectualmente coherente.
El ateísmo, entendido como la ausencia de creencia en deidades, ha sido históricamente una postura minoritaria en sociedades dominadas por tradiciones religiosas. No obstante, en el contexto contemporáneo —caracterizado por el avance del conocimiento científico, el aumento del nivel educativo, el pluralismo cultural y la valorización del pensamiento crítico— ha ganado visibilidad como una opción intelectualmente defendible. Sus fundamentos suelen apoyarse en argumentos de carácter epistemológico y empírico.
Desde una perspectiva racionalista, la carga de la prueba recae en quien afirma la existencia de una entidad sobrenatural. La falta de evidencia empírica verificable constituye, en este sentido, uno de los pilares del ateísmo. La ciencia moderna, basada en el método hipotético-deductivo, ha demostrado una notable eficacia para explicar fenómenos naturales sin recurrir a causas místicas. Desde el origen del universo, hace aproximadamente 13 800 millones de años, pasando por la formación de la Tierra hace unos 4 600 millones de años, hasta la aparición del Homo sapiens hace cerca de 300 000 años, teorías como el Big Bang y la evolución por selección natural ofrecen marcos explicativos plausibles que disminuyen la necesidad de hipótesis teístas, cuyas narrativas surgieron hace relativamente poco tiempo en la historia humana.
El ateísmo también encuentra sustento en el denominado problema del mal. La existencia de sufrimiento injustificado —manifestado en catástrofes naturales, enfermedades devastadoras, conflictos bélicos e injusticias sociales— plantea un desafío significativo para las concepciones teológicas tradicionales. Las respuestas habituales, como la apelación al libre albedrío o a designios divinos inescrutables, suelen resultar insuficientes desde un punto de vista lógico, ya que no explican de manera satisfactoria ni la magnitud ni la distribución del sufrimiento en el mundo.
Asimismo, las religiones presentan diversas incongruencias desde una perspectiva filosófico-científica. Muchas tradiciones contienen afirmaciones sobre la naturaleza del mundo que contradicen el conocimiento científico establecido, tales como interpretaciones literalistas de la creación, visiones geocéntricas del universo o explicaciones sobrenaturales de fenómenos naturales. Si bien algunas corrientes han optado por reinterpretaciones simbólicas o metafóricas de sus textos, esta flexibilidad puede entenderse como una adaptación reactiva frente al avance del conocimiento, más que como evidencia de una coherencia interna original.
A ello se suma la pluralidad de religiones mutuamente excluyentes, cada una con sus propios dogmas, revelaciones y sistemas de creencias. Esta diversidad plantea un problema epistemológico evidente: si múltiples religiones afirman poseer la verdad última y, sin embargo, se contradicen entre sí, resulta razonable cuestionar la validez de todas ellas. Desde esta perspectiva, el ateísmo emerge como una postura escéptica coherente ante la imposibilidad de determinar cuál, si alguna, de estas doctrinas es verdadera.
Otro elemento relevante es la tensión entre fe y razón. En muchas tradiciones religiosas, la fe es considerada una virtud en sí misma, incluso cuando implica aceptar afirmaciones sin evidencia o en contra de ella. Desde un enfoque filosófico crítico, esto puede resultar problemático, ya que debilita los estándares de justificación racional que rigen en otros ámbitos del conocimiento. La aceptación acrítica de creencias puede facilitar la proliferación de errores, supersticiones o incluso manipulaciones ideológicas.
Defender el ateísmo en sociedades conservadoras implica desafíos tanto sociales como personales. En contextos donde la religión está profundamente arraigada en la identidad cultural, política y moral, el ateísmo puede percibirse como una amenaza. Una estrategia para mitigar esta percepción consiste en enfatizar los valores compartidos. El ateísmo no implica ausencia de ética; por el contrario, muchos ateos fundamentamos nuestros valores en principios humanistas, como la empatía, la justicia social, la ayuda desinteresada al prójimo y la procura del bienestar colectivo. Vivir de acuerdo con estos principios, sin que nadie nos los imponga ni pretendamos recompensas “celestiales”, contribuye a reducir prejuicios y a construir puentes de entendimiento.
En este sentido, resulta fundamental promover el pensamiento crítico y la educación científica. Más que confrontar directamente las creencias religiosas, puede ser más eficaz fomentar habilidades analíticas que permitan a las personas evaluar sus propias convicciones de manera autónoma. Este enfoque favorece un cambio gradual basado en la reflexión personal, en lugar de la confrontación.
Un argumento adicional en favor del ateísmo radica en el carácter circunstancial de la creencia religiosa. Diversos estudios en sociología de la religión muestran que la afiliación religiosa está fuertemente determinada por el contexto geográfico y cultural de nacimiento. La probabilidad de que una persona sea cristiana, musulmana, hindú o budista depende en gran medida de su entorno, lo que sugiere que dichas creencias no surgen necesariamente de un análisis racional independiente, sino de procesos de transmisión cultural.
En este proceso, la socialización temprana desempeña un papel crucial. Desde la infancia, los individuos son expuestos a narrativas y prácticas religiosas presentadas como verdades incuestionables. Este fenómeno de adoctrinamiento temprano, que algunos autores denominan “internalización normativa”, implica la adopción de creencias antes de que se desarrolle plenamente la capacidad crítica. En ciertos contextos, la educación religiosa puede limitar la exposición a perspectivas alternativas, consolidando sistemas de creencias herméticos.
Desde una mirada crítica, este proceso puede compararse con otros mecanismos de formación de identidad colectiva. Las religiones no solo transmiten ideas sobre lo divino, sino también nociones de pertenencia y diferenciación. Cuando estas narrativas enfatizan la exclusividad —como la idea de poseer una verdad única o un vínculo privilegiado con lo divino (noción de “pueblos elegidos”)— pueden fomentar divisiones entre unos y otros. La inculcación de dogmas que sugieren superioridad o antagonismo hacia otros grupos constituye una forma de adoctrinamiento potencialmente peligrosa, capaz de alimentar odios irreversibles y perpetuar conflictos persistentes.
En este marco, el ateísmo puede entenderse como un intento de distanciamiento respecto a creencias adquiridas de manera no reflexiva. Adoptar esta postura implica, en gran medida, un ejercicio de revisión crítica de las propias convicciones heredadas, con el objetivo de fundamentarlas —o descartarlas— sobre la base de la evidencia, la coherencia lógica y la autonomía intelectual.
En conclusión, el ateísmo puede sostenerse sobre bases racionales sólidas, especialmente en un contexto en el que el conocimiento científico ofrece explicaciones cada vez más completas del mundo natural. Las incongruencias filosófico-científicas de las religiones, junto con la ausencia de evidencia empírica de lo sobrenatural, constituyen argumentos significativos en favor de esta corriente de pensamiento.
Xavier Sáez Llorens
Mi mamá vendía tamales afuera de la secundaría para pagar mi uniforme. Yo fingía no conocerla frente a mis amigos. Años después, cuando me gradué de la universidad, le regalé el título enmarcado y le pedí perdón. Me abrazó sin decir nada, pero lloró como nunca. Hoy vendo tamales con ella los fines de semana, y cada cliente que llega es un recordatorio de lo que ella hizo por mí. Nunca es tarde para reconocer los sacrificios de mamá.
Qué viva la Guerra.... Antes llenaba mi carro con $40 con diesel. Ahora lo llené con 20 galones a $85 dólares. Casi me dio un faracho Pero continúe CON PASO FIRME.
Descrédito total.
El Premio Nobel de la Paz hace tiempo dejó de ser un reconocimiento serio. Hoy es una medalla decorativa para consumo de progres, globalistas y wokistas encantados con el teatro de lo políticamente correcto. Se lo dieron a Obama por prometer paz… y luego bombardeó siete países. Convirtió el Nobel en un monedero político: más drones, más guerras, más cinismo. Después vino Santos, premiado por pactar impunidad con los narco-marxistas de las FARC. Y ahora, una “opositora” de la oposición fabricada por el régimen de Maduro, vendida como heroína y aplaudida por las élites globales. El Nobel de la Paz ya no premia la paz: premia el guion correcto del club progresista internacional.
Espero que, más adelante, saquen de esa organización a los wokistas y pongan a gente seria que realmente premie la verdadera paz.
Me niego a creer que haya posteado esto minutos después del intento de asesinato a Miguel Uribe.
Hay que ser una muy mala persona, corazón frío, lleva la maldad de Chávez en la sangre.
Es tenebroso todo lo que está sucediendo. Esto es un fracaso nacional. El atentado a @MiguelUribeT es un atentado a Colombia, a la democracia.
Es una tristeza profunda.
Mi enérgica condena por el cobarde atentado contra el Senador Miguel Uribe , precandidato a la Presidencia de Colombia por el Centro Democratico . Nuesttos pensamientos y oraciones con él y sus familiares,
Mi enérgica condena por el cobarde atentado contra el Senador Miguel Uribe , precandidato a la Presidencia de Colombia por el Centro Democratico . Nuesttos pensamientos y oraciones con él y sus familiares,
A mi la verdad que no me preocupan las reformas a la CSS. Afortunadamente he llegado a un punto de mi vida en que puedo dejar de trabajar y vivir el resto de mi vida de mis ahorros… Siempre y cuando me muera mañana antes de las 8:35 am…