Como argentino la verdad que da bronca ver tanta campaña en contra.
Pero viendo este compilado tengo que admitir que hay cosas muy raras desde antes incluso de Qatar.
Hay que admitir que viéndolo con ojos neutrales esto es asqueroso
@_Cyprien @cristiano1517_ @herqles_es@BECAES_ Realmente no, el catolicismo es lo que es hoy en gran parte en la defensa y expansión del imperio español
@Arrecaballitos@AnastasioH38171@wallstwolverine Toyota tuvo problemas importantes entre ellos que el coche aceleraba solo 😳 y Dacia a ver… si te gusta el ruido de plástico a y pantallas multimedia que no responden…
@Arrecaballitos@AnastasioH38171@wallstwolverine Peugeot la cagó con la correa en la serie anterior, error que han subsanado y ahora vienen con cadena. Dime una sola marca de la lista que no haya tenido problemas de fiabilidad
Lo que revela Pablo Iglesias en ese tuit no es una estrategia política, sino una confesión psicológica: la izquierda que representa nunca ha creído en la democracia como un fin, sino como un medio. Para él, la democracia es válida solo mientras garantiza que el poder quede en sus manos; en cuanto existe la posibilidad de que los ciudadanos elijan otra cosa, pasa a ser un riesgo que hay que evitar.
Ese planteamiento no es nuevo: es exactamente el mismo de todos los regímenes totalitarios de la historia. Se permiten elecciones siempre y cuando el resultado esté asegurado, pero cuando el pueblo vota distinto, se cuestiona su “madurez” o su “sano juicio”. La lógica es sencilla: si votas lo que yo quiero, eres demócrata; si votas lo contrario, eres fascista.
Aquí está la paradoja que desnuda a Iglesias y a sus seguidores: se autodefinen “antifascistas”, pero aplican el manual fascista punto por punto. El antifascismo real consiste en defender la libertad, aunque la mayoría decida algo que no te guste. Lo suyo, en cambio, es puro autoritarismo disfrazado de justicia social.
La psicología subyacente es clara:
• Miedo al rechazo: saben que sus ideas no logran mayoría sin manipulación, subvención mediática o ingeniería electoral.
• Complejo de superioridad moral: se creen tan iluminados que piensan que la gente no debería poder decidir libremente si eso implica apartarlos del poder.
• Frustración disfrazada de ideología: como no pueden aceptar que la sociedad les dé la espalda, proyectan la culpa en “el fascismo” o “los poderosos”.
Y aquí aparece la carencia emocional más evidente: necesitan sentirse los únicos guardianes de la verdad. Sus seguidores —que llaman “borregos” a los demás— en realidad se comportan como el rebaño más dócil: obedecen al pastor aunque los conduzca al matadero democrático, convencidos de que destruir el sistema es la manera de salvarlo.
El discurso de Iglesias no es un lapsus: es la radiografía de una izquierda que se proclama antifascista mientras asume sin rubor la lógica fascista. La misma que dice defender la democracia… excepto cuando la democracia vota contra ellos.