Se robaron este país y los jóvenes no marcharon. Mataron líderes sociales y los jóvenes no marcharon. Murió gente por falta de medicamentos y los jóvenes no marcharon. El presidente que eligieron les incumplió las promesas y los jóvenes no marcharon.
Hoy la hacen porque su candidato perdió.
Muy triste lo que Petro le hizo a esta juventud.
De esperarse. Me encantaría saber lo que estaría diciendo si la diferencia fuera al revés. Siempre contra las instituciones. Siempre contra lo que funciona. Siempre pequeño. Diminuto.
Soy víctima de la actual vicepresidente de la Comisión de Derechos Humanos del Senado de Colombia.@SandraComunes En repetidas ocasiones, me obligó a desfilar en ropa interior frente a criminales pedófilos que hoy son congresistas , mientras me apuntaba con un fusil a la cabeza. En uno de esos episodios, @CatatumbComunes me violó, horrible, cuando yo solo tenía 12 años. Esta es la verdadera hoja de vida de quien hoy ocupa ese cargo de vicepresidente 👇.
La libertad que no aplica para todos
En un debate organizado por EAFIT un candidato al Congreso se levantó de su silla, alzó un cartel y le gritó a Sandra Ramírez, exguerrillera de las FARC y candidata al Senado, que era una asesina que merecía estar en la cárcel. Fue retirado por la policía. La rectora de EAFIT respondió con una declaración sobre las libertades académicas. Las redes explotaron.
Detrás del escándalo hay una pregunta que Colombia no ha terminado de responder: ¿qué significa realmente la reconciliación, y a qué precio?
Empecemos por lo que nadie quiere decir en voz alta. Las FARC no fueron un movimiento estudiantil reprimido por una junta militar, ni una minoría étnica luchando por sus derechos. Fueron una organización terrorista que durante décadas secuestró a decenas de miles de personas, reclutó menores de edad, financió su operación con el narcotráfico, y perpetró masacres que todavía no han sido completamente reconocidas. Romantizar ese pasado es una forma de hacerle trampa a la historia y, sobre todo, a las víctimas.
Por otra parte, el papel de Sandra Ramírez en la FARC no era político ni ideológico. La Federación de Víctimas de las FARC presentó ante la JEP una solicitud para que sea investigada dentro del macrocaso de violencia sexual, por haber facilitado prácticas como la esclavitud sexual, los abortos forzados y el reclutamiento de menores. Una de esas víctimas afirmó que, cuando tenía 12 años, Sandra Ramírez reunía a las niñas del campamento y las hacía desfilar frente a los comandantes para que los hombres eligieran a quién llevar por la noche. Ese es el contexto que se omite cuando se habla de 'pluralismo' y 'libertad académica'.
Hay otro detalle no menor que también se omite. El nombre 'Sandra Ramírez' no es su nombre de nacimiento, sino es su alias dentro de las FARC. Es decir, no está haciendo política con su nombre civil, sino con su alias de guerra. Para las víctimas eso es una afrenta.
Todo esto es importa porque el debate sobre si Sandra Ramírez merece o no una tribuna universitaria ocurre en un país donde el acuerdo de paz fue rechazado en las urnas y donde quienes firmaron ese acuerdo jamás pisaron una celda, a diferencia de lo que ocurrió, por ejemplo, en Sudáfrica, donde Mandela estuvo 27 años en prisión.
Ahora bien, tener un derecho legal no es lo mismo que merecer una invitación. Una universidad es un espacio privado con valores propios, y sus directivas pueden decidir a quién le abren el micrófono. Que Sandra Ramírez pueda candidatizarse es una consecuencia del acuerdo de paz, pero que una universidad deba invitarla a todos sus foros es otra discusión. La sanción social (el rechazo legítimo, el escrutinio público, la negativa a normalizar) es una herramienta democrática válida.
Pero si EAFIT decide invitarla, entonces debe ser coherente. Porque aquí viene la contradicción que más incomoda: la universidad esgrimió el argumento de la libertad para justificar la presencia de la exguerrillera, y al mismo tiempo le pidió a la policía sacara del recinto a quien protestaba. Uno puede estar en desacuerdo con las formas de quien protestaba y aun así reconocer que hay algo profundamente inconsistente en defender la libertad solo cuando favorece a ciertos actores.
La libertad de expresión no es un menú donde uno elige solo los platos que le gustan. Si sirve de paraguas para que una exguerrillera debata políticas públicas, también debe cubrir al ciudadano incómodo que alza la voz para recordarle a la audiencia lo que esa persona representa para miles de colombianos que perdieron a sus familias, su patrimonio o su libertad.
Colombia tiene derecho a construir la paz. Pero la paz duradera no se construye borrando la historia ni silenciando a quienes exigen cuentas. Se construye, precisamente, sobre la base de que nadie está por encima del escrutinio. Esa es la libertad que vale la pena defender.
NI UN SOLO VOTO POR ESTOS NARCOGUERRILLEROS…
La carnicera de las FARC cometió delitos de lesa humanidad que no son excarcelables y debe pagar con cárcel…
El fenómeno de Dayro tiene una explicación: los 30tones, 40tones no somos basura. Somos experiencia, somos fuerza, somos aprendizaje. Estamos listos para aportar, gestionar y ganar 🥇. Y lo más grande es que nadie podrá quitarnos lo que llevamos dentro: ser cancheros en la vida.
Hoy he leído las peores bajezas: seguidores y opositores coinciden en un mismo discurso violento, intimidante y rastrero, lanzándose ataques mutuos.
No hay voces sensatas. No hay quien reconcilie este país, ni en la política, ni en el periodismo, ni en la sociedad en general. 😪