Que no se equivoquen, Abelardo no ganó porque fuese un gran candidato, un político envidiable o un intelectual con propuestas viables, ganó el voto castigo, el voto odio, el voto segregación. El voto de ese ciudadano que única y exclusivamente vela por los intereses individuales.
Abelardo De La Espriella puede ser el presidente de Colombia pero no será hoy ni nunca el mío. Lo aborrezco a él, a toda su gente, a su fraude y a su campaña sucia.
Hoy lloro y lloro profundamente, sí siento un dolor tan grande, no por mí, lloro y siento impotencia por todas las personas, comunidades, niños y niñas menos privilegiados, por nuestros animales, paisajes y riquezas…
Que al final son los que asumen en mayor parte las consecuencias de las decisiones de una manda de indolentes, cegados ante la igualdad. Hoy lloro porque sí, he crecido con privilegios, pero sé que en otro lado de mi país hoy viven más mujeres como yo, con talentos,