Conozco a una persona que otrora pensó seriamente en el suicidio (intenté ayudarle), que sabe bien cómo es el dolor. El amor le llegó, la salvó, pero también dañó.
Desde entonces se dedica a perseguir y acosar.
Se fue aunque sigue viva, no ve el bien, ama el mal. Pobrecita.
Extendemos un puente entre nosotros, para alcanzarnos, mezclarnos y sea el viento testigo de lo que susurramos cuando podamos y no tengamos nuestras bocas cubiertas por el otro.
Quisiera una ventana
directa a la felicidad,
a la velocidad del tiempo
cronometrado cuando te pienso,
directo a la gran
exposición de colores
y de sentidos.
Quiero una ventana
que directa de a ti.
No te esperaba
No te buscaba
Y ahí estabas
Con esa mirada
Que promete futuro
Y esa sonrisa
Que asegura alegría
Tú y yo parecemos
Una simple casualidad
Pero es la vida
Que tenía ganas
De respirar felicidad
Al oeste de esta orilla
sentirte en el agua
es sencillo y así lo deseo;
llevas marcando
mi atención hasta
que después mi piel
tuya hiciste a besos.
Hombre me haces
y bravo cual corriente
provocando que mi respiración
queme y las olas surque
buscando de tu cuerpo
el impacto.
En la densidad del bosque, que por ramas tus piernas me enreden, mi proseguir detengas pero mi fuerza aumentes.
Salvaje sea el eco que refleje la fiera antaño dormida, incluso perdida.
Hagámonos fuego a pie del río y burbujee el agua tal y como mi sangre de pasión por ti me quema