No importa a qué grupo étnico pertenezca el disfrazado que dañó la estatua de Colón, es la expresión nítida de la doctrina del resentimiento, la mediocridad y la hipocresía, que nos mantiene anclados al fracaso como nación.
Los peruanos que votan a Pedro Castillo dicen que quieren vivir la “grandeza y prosperidad” que Evo Morales implantó en Bolivia.
¿Cómo es posible que desconozcan el fracaso económico, los casos de corrupción y pedofilia y el auge del narcotráfico y la delincuencia?